Riesgo global en 2026: cómo distinguir volatilidad de oportunidad por Gerardo Ameigenda | Opinión | Sura Investments

Durante los últimos años, los mercados han transitado de una fuente de incertidumbre a otra: pandemia, inflación, tensiones geopolíticas y, más recientemente, procesos electorales y cambios en las expectativas sobre crecimiento y tasas de interés. En este contexto, la volatilidad ha dejado de ser una excepción para convertirse en una condición permanente de los mercados.

Sin embargo, volatilidad y riesgo no son sinónimos. La volatilidad refleja cambios en las expectativas; el riesgo implica una alteración más profunda de los fundamentos que sostienen el valor de los activos. Esta diferencia es clave para la construcción de patrimonio.

Las elecciones que se vienen desarrollando en distintos países de América Latina actualmente son un buen ejemplo. Estos procesos suelen elevar las primas de riesgo, generar movimientos en los mercados y aumentar la cautela de los inversionistas. Sin embargo, no necesariamente modifican la capacidad de una empresa para generar utilidades ni alteran de manera inmediata la competitividad de una economía.

La experiencia peruana ofrece una lección relevante. A pesar de atravesar uno de los procesos electorales más inciertos de los últimos años, la Bolsa de Valores de Lima acumula un avance superior al 20% en lo que va del año. Más allá de la volatilidad propia del ciclo político, el mercado ha seguido reconociendo factores como la fortaleza de determinados sectores, el soporte de los commodities y la resiliencia de los fundamentos económicos. La incertidumbre ha sido real, pero no necesariamente se ha traducido en un deterioro estructural de los activos.

Esa cautela también se refleja en el comportamiento de los inversionistas. Un reciente estudio de Sura Investments muestra que 9 de cada 10 inversionistas latinoamericanos de alto patrimonio se identifican con perfiles conservadores o moderados, privilegiando la preservación patrimonial y el crecimiento gradual por encima de estrategias de rentabilidad agresiva.

En Perú, las principales preocupaciones de estos inversionistas son la inflación y la pérdida de valor del dinero (37%), la inestabilidad política y rotación de autoridades (30%) y los cambios políticos o electorales (28%). Estos resultados revelan que el foco está puesto en factores que generan incertidumbre de corto plazo, pero no necesariamente en riesgos estructurales para la creación de valor.

Por eso, la conversación ya no debería centrarse en cómo evitar la incertidumbre. En la práctica, eso es imposible. El verdadero desafío consiste en construir portafolios preparados para convivir con ella.

Los inversionistas más exitosos no son necesariamente quienes anticipan el próximo evento de mercado. Son quienes logran mantener una estrategia consistente, diversificar adecuadamente sus riesgos y evitar que cada titular determine sus decisiones.

En un entorno donde la incertidumbre parece permanente, el desafío ya no es anticipar cada evento de mercado. Por el contrario, el desafío es desarrollar la disciplina para distinguir cuándo el mercado enfrenta un problema estructural y cuándo simplemente está reaccionando al ruido del momento. La volatilidad no destruye patrimonio; las decisiones equivocadas tomadas en medio de ella, sí.

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