Esta semana, el Jurado Nacional de Elecciones entregará las credenciales a los senadores y diputados electos en las elecciones del pasado 12 de abril. La composición del Congreso será clave para la dinámica del próximo gobierno.
Empecemos señalando que, al inicio de la campaña electoral, con 36 candidatos a la presidencia, 35 listas en la elección por distrito nacional único del Senado y 36 en las elecciones por circunscripciones regionales, y 37 listas postulando a la Cámara de Diputados, las peores previsiones resultaban creíbles. Pensábamos que, con partidos débiles y escasa representatividad, con altos niveles de fragmentación, con muchas listas desconocidas por la mayoría de electores, podríamos tener un resultado en el que los partidos más conocidos, que podían además apelar a prácticas clientelísticas y más groseramente oportunistas, tendrían ventaja, particularmente los desprestigiados partidos representados en el Congreso actual. Es más, buena parte de las normas aprobadas en el último tiempo tuvieron un carácter populista y poco responsable, buscando cimentar el respaldo electoral de estos ante grupos de interés específicos (mineros o transportistas informales, trabajadores del Estado con diferentes modalidades laborales, pensionistas de diverso tipo).
Sin embargo, de los 10 grupos que obtuvieron representación en el 2021, solo tres lograron pasar la valla electoral, y los tres pueden exhibir un mínimo perfil programático reconocible (Fuerza Popular, Renovación Popular y Juntos por el Perú), quedando fuera los grupos más oportunistas. Al mismo tiempo, de la gran masa de listas de partidos nuevos en competencia, lograron representación dos grupos, nuevamente con una consistencia programática significativa (Partido del Buen Gobierno y Ahora Nación), quedando fuera los partidos más personalistas, oportunistas, improvisados. El único partido que ingresó con una coherencia programática menor es Obras, pero al menos ocupa el quinto lugar en número de representantes electos.
En términos de los bloques que podrían formarse para obtener mayorías, Fuerza Popular, en principio, podría sumar los votos de Renovación Popular, pero igual no alcanzan la mayoría en la Cámara de Diputados y, por un voto, tampoco en la de senadores. Fuerza Popular está obligada a sumar votos más allá de su “zona natural de alianzas”, requiriendo votos del Partido del Buen Gobierno o de Obras. Esto obliga a morigerar la radicalidad de su discurso, tender puentes, hacer concesiones. Sin embargo, la cohesión del bloque de derecha no estaría garantizada si se hiciera ese tipo de movimiento. En la futura bancada de Fuerza Popular conviven representantes más cercanos a Keiko Fujimori, como Miki Torres o Patricia Juárez en el Senado y Cecilia Chacón o Diethell Columbus en Diputados, pero también existe un ala dura con otros perfiles, como los de Martha Chávez, Alejandro Aguinaga o Fernando Rospigliosi en el Senado. Además, la representación de Renovación Popular resulta bastante “dura”, con senadores como Alejandro Muñante y Milagros Aguayo, o José Baella y Javier Cipriani en Diputados. Las representaciones parlamentarias de Fuerza Popular han sido bastante disciplinadas en los parlamentos pasados, pero esto también ha sido consecuencia de ciertos acomodos propios de ocupar un papel de oposición y de defender prerrogativas parlamentarias. Ahora, para que las iniciativas del ejecutivo resulten viables, Fujimori tendrá que encontrar la manera de mantener unido a su bloque natural, pero al mismo tiempo conseguir votos de otras veredas. Esto requiere liderazgo de la presidenta y del Ejecutivo, y madurez de los congresistas.













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