Si la tendencia continúa, el exalcalde de Lima perdería las elecciones. Para que no continúe la tendencia, el candidato debería cambiar de estrategia. Ha preferido, sin embargo, mostrar más sus defectos.
En Talavera, Andahuaylas, el líder de Renovación Popular recibió, de parte de opositores, huevazos, botellazos y tomatazos. No fue una expresión democrática de esa porción (grande o chica) del electorado. López Aliaga no supo manejarlo.
“El Perú quiere amor, trabajo, no quiere odiadores, gente cobarde, gente basura. Sacaremos adelante al Perú en base a la gente que chambea. Por culpa de esa gente de mierda el Perú no camina”, dijo con énfasis el expositor.“Odiadores de mierda, sigan, acá estoy, apunten bonito. Siempre les he ganado la batalla. Ustedes son una minoría”, señaló. Y luego agregó: “Este Perú saldrá adelante con ustedes o sin ustedes”.
“Odiadores de mierda” no es lo que un tolerante le dice a un intolerante. Es lo que responde un intolerante a otro intolerante. Entre intolerantes solo cabe el enfrentamiento, la guerra.
López Aliaga debe aumentar el número de electores. En sus discursos se refiere al excremento. Difícil pensar que tales referencias y sentimientos lo ayuden a aumentar seguidores.
Los oponentes de López Aliaga en Apurímac lograron su objetivo. Lo sacaron de sus casillas y, de paso, lo sacaron de la carrera.
López Aliaga ha dicho que es miembro del Opus Dei (la Obra de Dios), “a mucha honra”. Excrementar a los adversarios no suena muy cristiano, y debe estar muy lejos de la obra de Dios.
La intolerancia no es atractiva. Frente a la caída, López Aliaga pierde el control. Denuncia que se cocina un fraude en su contra. El jefe de la ONPE “es un sinvergüenza”, según él.
La ONPE actuó mal con Fuerza Popular, declaró. “Si me hacen eso a mí, yo al señor Corvetto voy a su oficina y no sé si quede vivo”.
López Aliaga hace todo lo posible por perder las elecciones. Y le echa la culpa a los demás. El desequilibrio no es una virtud para gobernar. Menos para ganar un proceso electoral.
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