Por qué el conteo electoral en el Perú tarda más que otros países de Sudamérica

Mientras en el Perú el ritmo del conteo electoral aumenta la incertidumbre, en otros países de la región los procesos recientes -entre el 2023 y el 2025- para definir sus balotajes han sido más rápidos, claros y eficientes. A una semana de la jornada electoral en nuestro territorio, con cerca del 94% de actas contabilizadas, según la ONPE, el país aún no define quién acompañará a Keiko Fujimori en segunda vuelta, pues Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga se disputan voto a voto. La lentitud no solo retrasa el resultado, sino que prolonga un escenario de caos poco habitual a nivel regional.

El contraste más evidente aparece con Chile. El Servicio Electoral (Servel) alcanzó el 95% de mesas escrutadas de la primera vuelta del 16 de noviembre del 2025 apenas entre cuatro y cinco horas después del cierre de los comicios, con una tendencia irreversible. Hacia la madrugada del 17, con el 99,99% procesado, el balotaje entre Jeannette Jara y José Antonio Kast estaba confirmado. La rapidez del conteo permitió certezas en alrededor de diez horas y media, en un sistema que combina transmisión eficiente de actas, organización logística y una menor fragmentación electoral.

LEE TAMBIÉN: Europa y el regreso del servicio militar obligatorio: qué está pasando, por qué Alemania lidera el cambio y el factor Rusia

Jurados de votación realizan el conteo de votos el domingo 12 de abril, en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe en Lima. Foto: EFE/ Paul Vallejos

Jurados de votación realizan el conteo de votos el domingo 12 de abril, en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe en Lima. Foto: EFE/ Paul Vallejos

Ecuandor, por su parte, ofrece un escenario distinto, aunque igualmente más definido que el peruano. El 12 de febrero del 2025, alrededor de las 9 p.m., el Consejo Nacional Electoral (CNE) informó que el escrutinio de la primera vuelta habia alcanzado el 99,8% de las actas procesadas. Con ese nivel de avance, quedó claro desde esa misma noche de los comicios que Daniel Noboa y Luisa González pasarían al balotaje. Si bien el 100% técnico se alcanzó días después y los resultados finales tardaron semanas por la resolución de actas observadas y recursos legales, la certeza política nunca estuvo en duda.

Argentina, en tanto, combina velocidad en la difusión de resultados con una validación institucional más extensa. En el 2023, la Dirección Nacional Electoral (DINE) difundió el 76,12% de mesas apenas tres horas y veinte minutos después del cierre y superó el 98% antes de la medianoche, confirmando el pase a segunda vuelta de Sergio Massa y Javier Milei. El escrutinio definitivo, a cargo de la Justicia Nacional Electoral (JNE), tomó 11 días y no responde a un retraso operativo, sino a un proceso de verificación legal que incluye votos del exterior y actas con inconsistencias.

Bolivia, finalmente, muestra una lógica mixta: resultados preliminares rápidos y cierre oficial en pocos días. El Sistema de Resultados Preliminar (SIREPRE) difundió el 80% de actas tres horas después del cierre y superó el 92% esa misma noche, suficiente para perfilar el balotaje entre Rodrigo Paz y Jorge Quiroga. El cómputo oficial —con validez legal— se completó cinco días después, tras el procesamiento físico de actas por los tribunales departamentales.

Este fue el ritmo del conteo electoral de los cuatro países que tuvieron elecciones generales entre el 2023 y el 2025. (Diseño de Andrea Angulo / El Comercio).

Este fue el ritmo del conteo electoral de los cuatro países que tuvieron elecciones generales entre el 2023 y el 2025. (Diseño de Andrea Angulo / El Comercio).

Un patrón regional y una excepción

Para el especialista Enzo Elguera, CEO de la consultora IMASOLU, lo observado en el Perú rompe con un patrón regional bastante claro, incluso en sistemas manuales, los resultados suelen definirse el mismo día o, como máximo, en 48 horas. “Lo que estamos viendo no responde a un estándar regional, sino a una combinación de fallas logísticas, alta fragmentación y limitaciones estructurales”, señala Elguera a El Comercio.

Entre los factores que explican esta diferencia aparecen la elevada cantidad de candidaturas, problemas en la instalación de mesas, la extensión de la jornada electoral en algunas zonas y la dependencia de un sistema mayoritariamente manual. A ello se suma la geografía del país, que retrasa la llegada de actas desde zonas rurales, y las dificultades en la digitalización de resultados.

Más allá de lo técnico, la demora tiene efectos políticos concretos. A diferencia de otros países de la región, donde la rapidez del conteo reduce la incertidumbre y consolida la confianza en el proceso, en el Perú la falta de resultados claros prolonga la tensión y abre espacio a cuestionamientos como los que se están viviendo ahora mismo. En ese escenario, la diferencia no es solo de tiempos, sino de estándares.

SOBRE EL AUTOR

Licenciado en Comunicación y Multimedios por la Universidad Mayor de Chile. Inicié mi carrera en 2014, en Publimetro. He sido redactor en Zona Deportiva del Grupo El Comercio, Jefe Print Otras Marcas, Jefe de Contenido Calificado y editor en Depor. Hoy en Deporte Total, Mundo y Mesa Central de El Comercio. Ver más

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *