El país está partido en dos. Los resultados de la ONPE, al momento, no muestran la fractura.
Keiko Fujimori obtiene 2,7 millones de votos (17%). Roberto Sánchez, que venía de muy atrás, obtiene 1,94 millones. Representa el 12% de los votos válidos.
Muy cerca lo sigue Rafael López Aliaga, con 1,91 millones de votos, el 11,9% del total. La diferencia es de 23.607 votos al cierre de esta publicación.
La diferencia de 23 mil votos pudo haberse eliminado si todos los votantes en Lima hubieran tenido oportunidad de sufragar. A quien más perjudicó el desastre de la ONPE el día de la elección fue López Aliaga.
La primera fuerza política es Fuerza Popular. Visto de cerca, sin embargo, es un primer puesto lamentable: no llega al 20%. Ni Sánchez ni López Aliaga llegan a dos millones de votos (12% del total).
Sánchez venía desde un quinto lugar. Se puede pensar que su crecimiento continúa en estos días. ¿Hasta dónde puede llegar en la segunda vuelta?
Los que votaron por Nieto fueron 1,77 millones; por Ricardo Belmont, 1,63; y por Carlos Álvarez, 1,27.
Alfonso López Chau logró 1,18 millones, María Soledad Pérez Tello obtuvo un meritorio 550 mil. Carlos Espá, 540 mil.
Sánchez obtendría más ayuda de las tiendas de izquierda que Fujimori de las de derecha.
Hagamos un ejercicio grueso. Sumemos los votos de Nieto, Belmont, la mitad de los de Álvarez, y todo lo de López Chau y Tello.
Esos números suman 5,77 millones de votos. Agregados a lo que tiene Sánchez ahora, el total sería de 7,71 millones de preferencias.
Keiko Fujimori, en una segunda vuelta, podría contar, en teoría, con los votos de Renovación Popular, la mitad —digamos— de Carlos Álvarez y los de Carlos Espá. Eso sumaría 5,85 millones de votos.
Fujimori, a pesar de tener el liderazgo hoy, lo perdería claramente en segunda vuelta. Falta en nuestro ejercicio el voto que fue a otros candidatos. No alteran el resultado en lo esencial.
La candidata de Fuerza Popular ya cambió el panorama en otras oportunidades. Para eso son las campañas y para eso, las segundas vueltas. Haga lo que haga, sin embargo, no recuperará el sur ni reducirá mucho el antifujimorismo.
Rafael López Aliaga no ha querido recoger las ramas de olivo de Fujimori. Quizá, en vez de sumarlo, habría que restarlo en el ejercicio de segunda vuelta.
El país está partido en dos, y quizá hasta en tres.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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