Opinión: Argentina, dolarización y el BCRP, por Hugo Perea

Durante su ascenso político, Javier Milei fue muy crítico con la actuación del Banco Central de Reserva de Argentina (BCRA). Razones no le faltaban ya que las presiones políticas sobre el BCRA se habían traducido en un descontrol monetario que había llevado a Argentina hacia persistentemente elevados niveles de inflación. En este contexto, desde 2021, Milei comenzó a proponer la dolarización de la economía de su país y, por lo tanto, el cierre del BCRA.

Efectivamente, la evidencia señala que la dolarización puede reducir rápidamente la inflación debido a que, al no existir un banco central, cesa la emisión excesiva de dinero para, por ejemplo, financiar déficits fiscales. Pero la dolarización también presenta riesgos significativos. En primer lugar, el país que se dolariza, se queda sin banco central y sin política monetaria que ayude a estabilizar la economía cuando sea necesario. En la práctica, la FED se convierte en el banco central del país dolarizado. Segundo, para que una dolarización sea exitosa, la economía que adopta la moneda norteamericana debe moverse en tándem con la de EE.UU. Si esto no sucede (no hay “sincronización de ciclos económicos”), entonces la FED puede tomar decisiones que son convenientes para EE.UU. pero que perjudican a la economía que se dolariza ya que se estaría moviendo en otra dirección, con lo que amplificaría la volatilidad de su PBI.

La experiencia peruana ha mostrado que existe una mejor opción que la dolarización para controlar la inflación, la misma que preserva la política monetaria y está basada sobre un arreglo legal, muy sólido, para su banco central (BCRP): mandato único de estabilidad de precios y autonomía institucional. Bajo este esquema, el BCRP ha mantenido, desde 2021, una inflación interanual de 3,0% y que ha contribuido, en gran medida, a la estabilidad macroeconómica del país. En esta línea, el presidente Milei ha dejado atrás sus ideas de dolarización y anunció la semana pasada cambios en la Ley Orgánica del BCRA que tienen algunos paralelos con el caso peruano. El primero, dar un mandato único de estabilidad de precios al BCRA, cambiando el esquema vigente que considera, además, estabilidad financiera, empleo y desarrollo con equidad social. En países con baja institucionalidad, si los mandatos múltiples entran en contradicción entre sí distraen la atención de la política monetaria sobre el objetivo primordial de la estabilidad de precios. Lo segundo, prohibir que el BCRA financie al Tesoro público, elemento fundamental para garantizar su independencia de las presiones políticas. Tercero, dar mayor protección a las autoridades monetarias haciendo más difícil la remoción del presidente y gobernadores del BCRA ya que se requerirá la aprobación de dos tercios del Senado y de la Cámara Baja. Finalmente, sanciones penales para funcionarios que vulneren estas normativas y aprueben presupuestos financiados con emisión monetaria.

Mirando la experiencia peruana, la reforma de la Ley Orgánica del BCRA que está proponiendo Milei es adecuada para consolidar los avances que se han logrado en el control de la inflación. Sin embargo, su implementación aún deberá pasar por la aprobación del Congreso, en donde el oficialismo no cuenta con mayoría. Asimismo, de aprobarse la reforma, quedará por verse si se logra mantener en el tiempo. El camino no es fácil, pero es el correcto. ¡Suerte Argentina!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *