Ninguna tortuga está sola en los ríos del territorio siekopai. Cada una nada bajo la protección de Koouwajëo, la jefa y guardiana de su linaje ancestral. En la cosmovisión de esta nacionalidad indígena de la Amazonía ecuatoriana, estos reptiles son mucho más que habitantes de los cuerpos de agua: representan la memoria viva, el equilibrio del ecosistema y un vínculo entre el mundo visible y el espiritual. Sin embargo, en la comunidad Siekoya Remolino, cuentan que hoy Koouwajëo llora porque sus hijas e hijos están en peligro.
“Su llanto es el llamado de la selva y del río pidiendo conciencia, respeto y protección”, dice Janeth Piaguaje, lideresa comunitaria siekopai. Las tortugas charapa (Podocnemis unifilis) que habitan el río Aguarico enfrentan una combinación de amenazas que ha puesto en riesgo su supervivencia: la extracción de huevos y la cacería de ejemplares adultos, la contaminación provocada por basura, aceite y gasolina, la erosión de las riberas causada por el tránsito constante de embarcaciones. Además, el cambio climático que altera los niveles del agua y destruye los nidos antes de que las crías puedan nacer.
Leer más |Regístrate gratis y conoce el Puma Fest: primer Festival Latinoamericano de Periodismo Ambiental
Cría de tortuga charapa (Podocnemis unifilis). Foto: cortesía CI Ecuador
En las orillas del Aguarico, donde la selva amazónica se abre en playas de arena que aparecen y desaparecen con las crecientes, Piaguaje guía a un grupo de siete mujeres que recorren la zona antes del amanecer. Se hacen llamar Tari Nomiowa’i, las “mujeres tortuga”. Cargan cubetas, guantes y herramientas de monitoreo mientras buscan huellas y nidos en la arena húmeda, rastros casi invisibles de una especie que, según cuentan los habitantes de la comunidad, cada vez es más difícil de encontrar.
“Cuando protegemos a las tortugas, no solo cuidamos una especie; honramos a los espíritus del río, fortalecemos nuestra cultura y mantenemos el pacto sagrado entre nuestra comunidad y la naturaleza”, dice Piaguaje. A sus 25 años, lidera un proyecto de conservación que combina conocimientos heredados de su padre, monitoreo comunitario y técnicas de manejo que buscan recuperar las poblaciones de charapa —especie catalogada como Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)— y contribuir a la salud ecológica del río Aguarico.
Janeth Piaguaje durante la identificación de un nido de tortuga charapa en las playas del río Aguarico. Foto: cortesía CI Ecuador
La historia de Janeth Piaguaje con las tortugas comenzó mucho antes de que coordinara a un grupo de mujeres en las playas de su comunidad. Creció en Siekoya Remolino rodeada por la selva y un paisaje donde los encuentros con la fauna eran parte de la vida cotidiana. Allí, durante su infancia, solía observar a las charapas que aparecían con más frecuencia en las orillas y los troncos que sobresalían del agua.
Esa relación cercana con la naturaleza estuvo profundamente influenciada por su padre, José César Piaguaje Payaguaje, artista, monitor comunitario y uno de los primeros miembros de la familia en involucrarse en el manejo de tortugas. Años atrás, participó en procesos de formación sobre conservación de charapas vinculados a la Estación de Biodiversidad Tiputini de la Universidad San Francisco de Quito, ubicada dentro del Parque Nacional Yasuní, donde aprendió técnicas para el monitoreo y manejo de la especie, conocimientos que luego llevó de regreso a su comunidad. Entre sus hijos, Janeth fue quien mostró mayor interés por seguir sus pasos.
“Él me enseñó a manipular los huevos, a ver en qué fechas y qué meses ponen sus nidos las tortugas. Fue quien me enseñó a aprender más a fondo sobre su cuidado”, recuerda.

Janeth y su padre, José César Piaguaje, durante la colocación de los huevos de charapa en un balde para trasladarlos al arenario. Foto: cortesía CI Ecuador
Desde 2020 Janeth Piaguaje comenzó a involucrarse en actividades de conservación con su padre y su madre, Dina Payaguaje. En aquel entonces trabajaba también en iniciativas de turismo comunitario, mostrando la gastronomía local y recibiendo visitantes. Sin embargo, su preocupación por el futuro de las charapas fue creciendo.
“Veía que las poblaciones de tortugas estaban disminuyendo”, explica. “Entonces dije: tengo que hacer algo para que algún día podamos ver más poblaciones de tortugas y para que los niños puedan ver lo que está alrededor de nosotros; eso fue lo que me motivó”.

Janeth Piaguaje explica el cuidado de las tortugas en el arenario con niñas y niños de la Escuela Ëkowari. Foto: cortesía CI Ecuador
En 2025 obtuvo la beca del Programa de Mujeres Indígenas de la Amazonía de la organización Conservación Internacional (CI) Ecuador para impulsar a las Tari Nomiowa’i, donde participan su madre y sus compañeras Oricel Piaguaje, Bertha Payaguaje, Nelly Piaguaje, Estefanía Payaguaje y Anny Piaguaje. Las edades del grupo van desde los 18 hasta los 64 años y reflejan un diálogo entre generaciones de mujeres que comparten una misma preocupación por el territorio.
La jornada comienza antes de que salga el sol. Si el día anterior detectan rastros de anidación, al amanecer navegan por las playas para localizar los nidos. Cuando encuentran uno, utilizan guantes y registran cuidadosamente la información: fecha, hora, ubicación y número de huevos en la aplicación de Epicollect5, una herramienta tecnológica que facilita el monitoreo y la recolección de datos en campo. Cada huevo es manipulado con extrema delicadeza. Su posición original se marca para evitar rotaciones que puedan afectar el desarrollo del embrión.
“Si colocamos mal los huevos, las tortugas no pueden salir”, explica Piaguaje. Después son trasladados a un vivero o arenario artificial construido cerca de la comunidad para continuar su proceso de incubación.

Janeth y Oricel Piaguaje sembrando en el arenario los huevos recolectados en la playa. Foto: cortesía CI Ecuador
Las Tari Nomiowa’i han recibido acompañamiento técnico de CI Ecuador, así como capacitaciones impulsadas junto al Ministerio del Ambiente y Energía de Ecuador (MAE), el Parque Nacional Yasuní y otras organizaciones que apoyan la Red de Charaperos de la Amazonía Norte, al que también pertenecen, y que está integrada por diez comunidades de las nacionalidades kichwa, waorani, cofán y siekopai.
Stefany Vega, bióloga de CI Ecuador, explica que esta red ha trabajado para intercambiar experiencias, estandarizar sus procesos, consolidar a los grupos y obtener una patente conjunta que regularice su trabajo frente al MAE para el manejo de dos especies de tortuga charapa: Podocnemis unifilis y Podocnemis expansa.
“Creo que es necesario apoyar estas iniciativas comunitarias que no solo ayudan a la conservación de la especie, sino también al empoderamiento de las comunidades y la protección de lo que tienen dentro de su territorio”, dice la especialista.

Neonatos de tortuga charapa en tinas con agua de río, parte del proceso de manejo de la especie. Foto: cortesía CI Ecuador

Toma de medidas del caparazón de una charapa para su registro. Foto: cortesía CI Ecuador
Según Vega, durante los últimos años la Amazonía ha experimentado eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes. En algunos períodos predominan las sequías severas; en otros, lluvias intensas que hacen desaparecer las playas donde las tortugas anidan.
“El impacto más fuerte que vimos recientemente fue la creciente de los ríos; en diciembre y enero crecieron mucho y no se podía ir a hacer el monitoreo de las playas porque no había playas. En febrero fue bajando un poco y ya encontraron más nidos”, recuerda.
La temperatura también influye en el sexo de las crías, explica Vega, porque el exceso de calor puede generar una mayor proporción de hembras, alterando el equilibrio poblacional a largo plazo. Antes los huevos se recolectaban y se colocaban en gavetas de plástico —como las que se usan para transportar frutas o verduras—, por ello, la creación del vivero o arenario artificial ahora simula mejor las condiciones naturales de una playa de anidación, lo que ha representado un gran avance para la conservación de las tortugas.

Paisaje del río Aguarico y el territorio siekopai. Foto: cortesía CI Ecuador
Lo que más llama la atención a Vega es el nivel de detalle con el que Janeth trabaja. “Ella hace una medición del nido original y luego replica esa misma profundidad y condiciones en el arenario. Trata de alterar lo mínimo posible el ambiente donde fueron encontrados los huevos”, agrega.
El arenario funciona como una playa artificial protegida de inundaciones, depredadores y otras amenazas. Allí las mujeres monitorean temperatura y humedad, factores fundamentales para la supervivencia de las crías.

Nelly Piaguaje, Janeth Piaguaje y su hija Yulexi rumbo a la actividad de liberación de crías de charapa. Foto: cortesía CI Ecuador

Marcaje de nidos en el arenario con su código e información sobre número de huevos y playa donde fueron colectados. Foto: cortesía CI Ecuador
Sin embargo, las amenazas humanas continúan presentes. Las lanchas rápidas y gabarras —embarcaciones de fondo plano y gran tamaño, sin motor— generan oleajes que erosionan las riberas, destruyen playas y afectan los hábitats utilizados por las tortugas. A ello se suma la contaminación por basura y derivados del petróleo que llegan desde distintos puntos de la cuenca.
Para Janeth, la situación es visible todos los días. “A veces vemos plásticos, bolsas de basura. También vemos animales muertos bajando por el río. No podemos controlar todo eso, pero sí hacemos un esfuerzo importante de limpieza en las playas donde trabajamos”, afirma.

Playa Manëje’nawë de la comunidad Siekoya Remolino. Foto: cortesía CI Ecuador
Los esfuerzos de las mujeres tortuga comienzan a mostrar resultados. Durante la temporada de anidación 2025-2026, el equipo recolectó ocho nidos con un total de 235 huevos. De ellos, 208 lograron eclosionar exitosamente y las 208 crías fueron liberadas posteriormente en el río Aguarico entre marzo y abril pasado.
Detrás de esa cifra hay semanas enteras de trabajo. Después de la eclosión, las pequeñas tortugas permanecen bajo cuidado durante aproximadamente un mes. Las mujeres se organizan por turnos para alimentarlas y monitorear su crecimiento. Las hojas de yuca, camote y papa china forman parte de su dieta inicial. El agua utilizada en las tinas donde cuidan a las crías proviene directamente del río para que mantengan contacto con las condiciones de su hábitat natural.

Una tortuga charapa bajo el cuidado de las Tari Nomiowa’i, antes de su liberación en el río Aguarico. Foto: cortesía CI Ecuador

Janeth Piaguaje invita a las niñas y niños a poner nombre a cada tortuga antes de su liberación. Foto: cortesía CI Ecuador
La liberación es uno de los momentos más esperados. En marzo, durante una de las primeras jornadas organizadas con escuelas y miembros de la comunidad, Janeth Piaguaje observó cómo decenas de pequeñas charapas regresaban al río.
“Yo estaba muy feliz”, recuerda. “También estaba muy conmocionada: me estaban abrazando y empecé a llorar”.

Tortuga charapa marcada para su monitoreo posterior a la liberación en el río. Foto: cortesía CI Ecuador
Los niños y niñas participaron en talleres, pintaron murales inspirados en las tortugas y escucharon las explicaciones del equipo. Algunos prometieron no volver a recoger huevos de los nidos.
“Una niña decía: ‘Voy a cuidar, voy a decir que no hay que tocar los huevos’”, cuenta Piaguaje sonriendo. Su propia hija, Yulexi Payaguaje, de cuatro años, también se ha convertido en una pequeña aliada del proyecto. “Cuando voy a alimentar a las tortugas, ella me ayuda a cortar las hojitas”, dice.

Niñas y niños pintaron un mural en su escuela sobre el ciclo de vida de las tortugas. Foto: cortesía CI Ecuador
La conservación ha empezado a generar además nuevas oportunidades para la comunidad. La familia de Piaguaje impulsa actividades de turismo comunitario vinculadas al monitoreo de tortugas, mientras que otras mujeres elaboran piezas de cerámica inspiradas en las charapas. Su padre aporta con pinturas y expresiones artísticas relacionadas con el territorio.
Cuando Piaguaje habla del futuro, imagina un río distinto. Quiere que los niños puedan seguir viendo charapas en las playas y que las nuevas generaciones comprendan su importancia. Recuerda una frase que aprendió de su padre y que guía su trabajo: “Ver una tortuga en el río es naturaleza; pero ver varias es biodiversidad, que es lo que más nos importa”, sostiene.
Por ahora, cada liberación representa un pequeño paso hacia ese objetivo. Y mientras las crías desaparecen entre las aguas del Aguarico, Janeth Piaguaje imagina que tal vez Koouwajëo ya no llora sola. Quizás, en algún rincón del río y de la selva, la guardiana de las tortugas empieza a escuchar algo distinto: los pasos de las mujeres tortuga, los juegos de los niños y el regreso de cientos de pequeñas charapas que vuelven a casa.
“Quiero que Koouwajëo se sienta orgullosa”, concluye. “Por eso hago lo que estoy haciendo, por eso cuido a las tortugas”.
El artículo original fue publicado por Astrid Arellano Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.
Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica, puedes revisar nuestra colección de artículos. Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam, puedes suscribirte al boletín aquí, unirte a nuestro canal de WhatsApp o seguirnos en Facebook, X, Instagram, Tiktok y Youtube.















Deja una respuesta