
En entrevista para El Comercio, Martín Naranjo, presidente del Consejo Directivo de la Asociación de Bancos del Perú (Asbanc), analiza el impacto del contexto electoral en las decisiones de inversión. Desde el sistema financiero, señala que, aunque existe intención de crecer, la falta de previsibilidad en el entorno político lleva a las empresas a postergar proyectos. Asimismo, advierte que cambios en el marco económico pueden trasladarse rápidamente a las expectativas y al crédito.
-En el actual proceso electoral, ¿qué tipo de decisiones desde el Ejecutivo o el Congreso podrían afectar más rápidamente la confianza, la inversión o el comportamiento del crédito?
Las que alteran la previsibilidad, el estado de derecho, o cambios abruptos en marcos regulatorios que afecten la economía de mercado. Eso impacta directamente en la inversión y en la disposición a tomar crédito, porque introduce incertidumbre en decisiones que son, por definición, de mediano y largo plazo.
-¿Qué riesgos identifica en las propuestas de los candidatos presidenciales que podrían pasar a la segunda vuelta?
Más allá de escenarios electorales, debemos considerar permanentemente el riesgo latente de las propuestas populistas que impliquen debilitamiento institucional o el uso de recursos públicos que generen distorsiones. También cualquier planteamiento que relativice la importancia de la estabilidad macroeconómica, porque esa estabilidad no es un fin en sí mismo, sino la base sobre la cual se construye el crecimiento sostenido.
-Durante la campaña se han planteado propuestas para intervenir en las reservas del Banco Central de Reserva (BCR). ¿Qué implicancias concretas tendría esto para la estabilidad macroeconómica y la credibilidad del país?
Las reservas internacionales cumplen un rol específico: respaldar la estabilidad monetaria y la capacidad de respuesta frente a shocks externos. Utilizarlas con fines distintos introduce un riesgo directo sobre la percepción de solvencia del país. Eso sería como desechar los paracaídas en pleno vuelo. La estabilidad macroeconómica descansa, en buena medida, en que estos instrumentos se utilicen con criterios técnicos y no discrecionales.
“La inversión no se detiene porque el empresario pierda el apetito; se detiene porque el entorno no le da suficiente visibilidad”
-¿Qué acciones concretas podrían poner en riesgo la independencia del BCR?
Cualquier intento de influir en sus decisiones de política monetaria, modificar su mandato con fines de corto plazo, o intervenir en la designación de sus autoridades sin criterios técnicos. También lo haría el uso de sus recursos para objetivos ajenos a su función. Cuando esa independencia se debilita, los efectos se trasladan rápidamente a las expectativas y, con ello, a toda la economía.
-¿Podría mencionar las iniciativas económicas que el Parlamento debería impulsar en este nuevo período de gobierno?
De manera respetuosa, desde la Asociación de Bancos consideramos que un objetivo nacional es seguir avanzando decididamente en una agenda de inclusión financiera, eliminando barreras regulatorias y promoviendo competencia que permita ampliar el acceso al crédito formal. Asimismo, fortalecer la seguridad jurídica y promover una consolidación fiscal responsable, con reglas claras y creíbles que refuercen la sostenibilidad de las finanzas públicas.
-Partidos como Podemos, que votó a favor de implementar topes a las tasas de interés, ha quedado reducido en la nueva composición del Parlamento. ¿Ve posible que se elimine esta norma que ha sido perjudicial para la inclusión financiera?
Independientemente de los actores, es esencial proteger principios. La experiencia muestra que los controles de tasas no reducen el costo del crédito para quienes más lo necesitan; lo que hacen es excluirlos del sistema formal. Corregir esa distorsión permitiría reincorporar a miles de personas al sistema financiero y reducir su exposición a mecanismos informales mucho más costosos y riesgosos. La discusión debería centrarse en cómo ampliar el acceso, no en restringirlo.
-Desde el comportamiento del crédito, ¿qué dice hoy el desempeño de las empresas sobre sus decisiones de crecimiento y expansión?
Hay dos lecturas que conviene separar. Las empresas más pequeñas, las pymes, muestran una demanda de crédito que ha mejorado, lo que refleja actividad real en la base de la economía. El segmento corporativo, en cambio, ha sido más cauto. Hay optimismo y las empresas siguen queriendo crecer, pero están eligiendo mejor cuándo y dónde hacerlo.
-¿Qué factores están generando mayor cautela en las empresas?
Lo que más pesa no es el proceso electoral en sí mismo. En realidad, vivir en democracia y tener elecciones es siempre una buena noticia. Lo que hay es algo más estructural, que tiene que ver con la previsibilidad. Las empresas invierten cuando saben qué reglas van a regir mañana. Cuando esa certeza no es tan clara, la reacción natural es esperar. Es racional. La inversión no se detiene porque el empresario pierda el apetito; se detiene porque el entorno no le da suficiente visibilidad para comprometerse.
-En un proceso electoral como el actual, ¿qué tipo de decisiones son las primeras que las empresas tienden a postergar o replantear?
Lo primero que se posterga es lo que tiene horizonte largo: ampliaciones, nuevas plantas, proyectos que requieren comprometerse por varios años. La operación del día a día continúa, pero las decisiones que implican apostar por el mediano plazo se ponen en una pausa natural. Por eso importa tanto que el período electoral transcurra con el menor ruido posible, porque cada señal de estabilidad tiene un efecto concreto sobre cuánto se invierte y cuándo.
«Los controles de tasas no reducen el costo del crédito para quienes más lo necesitan; lo que hacen es excluirlos del sistema formal»
-Si contrastan los indicadores económicos con lo que está viendo en la práctica, ¿qué lectura hay sobre el comportamiento del sector privado?
Los indicadores y la realidad que vemos en el sistema financiero cuentan la misma historia: el sector privado está cautamente optimista. Lo que vemos es que hay actividad, hay demanda de financiamiento, hay empresas funcionando. Pero las decisiones de mayor envergadura se toman con más tiempo y más análisis que antes.
-El BCR proyecta una recuperación de la inversión privada hacia el 2026, ¿qué señales están viendo hoy que apunten o no en esa dirección?
Las expectativas de crecimiento del PBI se mantienen en torno a 3,1% o 3,2%, lo que no es un número menor. El Banco Central ha preservado la estabilidad monetaria con consistencia, y la SBS ha mantenido un sistema financiero sólido y bien capitalizado. Esas son bases reales, no solo proyecciones. Dicho esto, que la inversión privada se recupere en 2026 depende de algo que los números solos no garantizan. Depende también de que el entorno político acompañe esas bases.
-¿Cómo se está reflejando hoy la inversión privada en el crecimiento económico?
A febrero de 2026, el crédito a empresas creció de la mano del crecimiento del producto. El 73% de la cartera se concentra en el segmento corporativo y en las pequeñas empresas, y la calidad crediticia ha mejorado en la mayoría de segmentos. Eso dice algo importante, dice que las empresas están pagando mejor sus obligaciones. No es un sistema bajo estrés; es un sistema que funciona y que tiene capacidad para acompañar una recuperación más intensa si el entorno lo permite.
-¿Qué le está diciendo hoy el comportamiento del crédito sobre la diferencia entre intención y ejecución en las decisiones de las empresas?
Hay intención. El crédito se demanda, las condiciones para otorgarlo existen, y el sistema está en posición de acompañar. Pero entre querer invertir y ejecutar la inversión, hay un paso que depende del entorno. Las empresas tienen los planes; lo que evalúan es si este es el momento de activarlos. El crédito refleja esa tensión.
-¿Están observando empresas con acceso a financiamiento que prefieren no avanzar con nuevos proyectos? ¿Qué explica esa decisión en este contexto?
Desde nuestra mirada como gremio no tenemos el detalle caso por caso, pero sí hay un fenómeno que se repite: empresas con acceso al crédito que todavía no lo están usando para nuevos proyectos. No es que no puedan; es que prefieren esperar. Eso es una señal sobre el entorno. La confianza se traduce directamente en cuándo una empresa decide comprometerse con una inversión de largo plazo.
-¿Qué tan alineadas están las expectativas de crecimiento con las decisiones que realmente están tomando las empresas?
Las expectativas son razonablemente positivas, pero las decisiones concretas todavía van más despacio que esas expectativas. El empresariado quiere crecer; lo que aún evalúa es cuándo. Todavía hay una brecha entre intención y ejecución que esperamos pronto se supere.
-¿Qué impacto están viendo, en las decisiones de las empresas, del manejo fiscal actual incluido el nivel de déficit?
El orden fiscal importa más de lo que a veces se reconoce. Que el déficit haya cerrado en torno a 2,2% del PBI, cumpliendo la meta, es una señal concreta de disciplina. Los agentes económicos la leen. Un país que cumple sus metas fiscales envía un mensaje de seriedad que tiene valor por sí mismo, independientemente de los ciclos políticos. Lo preocupante sería lo contrario. Un deterioro fiscal en contexto electoral generaría dudas que costarían más de lo que cualquier gasto adicional podría compensar.
-¿Qué decisiones del Gobierno están influyendo más directamente en la confianza de las empresas?
Las que más pesan son las que tienen que ver con el cumplimiento de compromisos. Cuando el Estado honra lo que firmó, cuando respeta los contratos, cuando no cambia las reglas a la mitad, eso genera una confianza que se acumula. Y cuando no lo hace, ese capital se erosiona rápidamente.
-¿Cómo evalúa la relación entre el Estado y el sector privado en términos de generación de condiciones para el crecimiento?
Es una relación que funciona mejor cuando cada parte entiende bien su rol. El sector privado invierte, genera empleo, paga impuestos. El Estado establece reglas, las hace cumplir, honra sus compromisos y gasta bien. El problema surge cuando esas funciones se confunden o cuando la desconfianza mutua lleva a decisiones que terminan perjudicando a ambos. El Perú tiene las bases para una relación aún más constructiva entre ambos sectores.
-¿Qué factores están viendo hoy que podrían frenar o contraer las decisiones del sector privado en los próximos meses?
El mayor riesgo son las medidas bien intencionadas que terminan produciendo el efecto contrario. Quizá el ejemplo más claro es el control artificial de precios como las tasas de interés. Sabemos bien que en la práctica esto empuja a muchos peruanos fuera del sistema formal y hacia esquemas como el “gota a gota”, que son infinitamente más caros y más peligrosos. Según el BCR, ya hay medio millón de peruanos que quedaron fuera del sistema financiero por ese tipo de medidas. Eso no es protección al consumidor; es exclusión financiera.
-Si el contexto político se estabiliza, ¿qué tan rápido podrían reactivarse las decisiones empresariales según lo que observan desde el sistema financiero?
Podría ser muy rápidamente, y eso es importante entenderlo. No partimos de cero. El sistema financiero está capitalizado, las empresas tienen planes en carpeta, el talento y la infraestructura existen. Lo que falta no es capacidad; es decisión. Y la decisión se activa cuando la confianza llega. Hay economías que tardan años en recuperarse porque tuvieron que reconstruir desde los cimientos. El Perú no está en ese caso. Tiene cimientos. Lo que necesita es confianza para edificar sobre ellos.
-¿Qué señales concretas le indicarían que el sector privado está entrando en una fase de mayor dinamismo?
Hay tres cosas que miraría. Primero, que el crecimiento del crédito se generalice: no solo en algunos segmentos, sino en la mayor parte del tejido empresarial. Segundo, que los proyectos que hoy están en evaluación empiecen a ejecutarse. Y tercero, algo más difícil de medir pero igualmente real: que la conversación en el sector privado cambie de tono. Cuando dejemos de hablar principalmente de riesgos y empecemos a hablar principalmente de oportunidades, eso es una señal poderosa.
-Pensando en lo que viene, ¿qué condiciones considera indispensables para que el país logre sostener decisiones de inversión y crecimiento del sector privado?
Tres cosas que no son negociables: estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica y cumplimiento de compromisos. No son conceptos nuevos ni complicados. Son las mismas condiciones que permitieron construir el grado de inversión y el acceso a mercados internacionales que hoy el Perú da por descontados, pero que en los noventa eran una aspiración ambiciosa. Lo que costó mucho construir puede erosionarse más rápido de lo que parece. Instituciones como el Banco Central de Reserva y la SBS no son accesorios del sistema; son parte de su columna vertebral. Han demostrado que pueden funcionar con independencia y criterio incluso en contextos políticos difíciles. Hay también una agenda pendiente que no puede seguir postergándose: la inclusión financiera. Demasiados peruanos siguen fuera del sistema formal, lo que los deja vulnerables y limita el potencial de crecimiento del país. Avanzar ahí no es solo una cuestión de equidad, es también una decisión económicamente inteligente.












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