En enero del 2025, publiqué en El Comercio el artículo “La oportunidad de una mirada distinta hacia América Latina”, con ocasión del regreso a la Casa Blanca del presidente Donald Trump para asumir su segundo mandato. Como señalé entonces, la mayor noticia de la nueva administración republicana para América Latina fue la nominación del senador Marco Rubio para dirigir la diplomacia de los Estados Unidos. Poco después, el Legislativo lo confirmó por unanimidad como Secretario de Estado, convirtiéndose en el primero de origen latino en ocupar ese cargo, hecho particularmente significativo para el continente.
Marco Rubio aporta hoy una amplia experiencia, tanto en asuntos internos como en política exterior. Sus habilidades lo han consolidado como uno –si no el mayor– de los colaboradores más cercanos e influyentes del mandatario estadounidense, integrando su círculo de confianza no solo por su cargo como Secretario de Estado, sino también como asesor de Seguridad Nacional. En reconocimiento de esa gravitación política y de su destacada labor al frente de la diplomacia estadounidense, algunos estiman que podría ser considerado “el mejor secretario de Estado de la historia” e incluso perfilarse como el próximo candidato presidencial republicano.
El liderazgo de Rubio es, a la vez, simbólico y estratégico. La Casa Blanca busca una nueva aproximación hacia el continente, al que considera un espacio esencial para promover los intereses de seguridad y desarrollo económico de los Estados Unidos, en coordinación con sus aliados y socios regionales.
En su elección para ejercer simultáneamente dos de los cargos más importantes del Ejecutivo, respondiendo directamente al Presidente en materia de política exterior y seguridad nacional, hay un mensaje claro para la región: América es un solo continente, donde los intereses permanentes de los Estados Unidos convergen con los intereses permanentes de cada uno de los países del hemisferio, en el propósito de que la región sea un espacio donde la seguridad procure el progreso y la paz para todos.
Dicho esto, la elección de Marco Rubio para reconfigurar la relación con América Latina –más allá de sus raíces– es coherente con el propósito de avanzar los objetivos de la nueva estrategia de seguridad nacional, que sitúa a la región como eje central de la política exterior estadounidense.
Con esa misma lógica fue nombrado embajador de los Estados Unidos en Lima el señor Bernie Navarro –primer embajador político nombrado al Perú en 40 años–, también de ascendencia cubana, casado con una peruana, con hijos estadounidenses y con amplio conocimiento de nuestra realidad nacional, habiendo visitado nuestro país varias veces como empresario. El embajador Navarro está vinculado al sector financiero y tiene la misión de representar el interés de los Estados Unidos y recuperar espacios para las inversiones y el dinamismo empresarial, así como procurar que la relación política y económica con el Perú contribuya a la seguridad de ambos países en su lucha contra el crimen transnacional, las organizaciones narcoterroristas y las actividades ilícitas conexas.
Como embajador en los Estados Unidos, puedo afirmar que la relación bilateral atraviesa un momento histórico. Hoy, más que nunca, ambos países cuentan con una convergencia de intereses en seguridad y desarrollo que exige visión y responsabilidad, en un contexto en que el Perú renueva su relación a través de su ubicación geopolítica estratégica en el centro del continente. Este escenario no es fortuito, sino el resultado del vínculo que la diplomacia peruana y estadounidense han sabido cultivar y fortalecer a lo largo del tiempo y en estos 200 años de relaciones diplomáticas.
Siendo estudiante en Harvard a fines de los años ochenta, advertí el potencial de esta relación, pero las prioridades de ambos países estaban marcadas por agendas diferentes: el Perú vivía amenazado por la hiperinflación y el terrorismo, mientras que Estados Unidos, por los problemas que lo afectaban, miraba a Europa, Asia y Medio Oriente. Más adelante, como Ministro de Comercio Exterior y Turismo, negocié el tratado de libre comercio con Estados Unidos, el primero en la historia del Perú, que permitió consolidar oportunidades comerciales en beneficio de exportadores y consumidores peruanos y estadounidenses, y que sirvió de plataforma de negociación para otros 23 TLC. Tras haber trabajado durante el mandato de tres presidentes estadounidenses –George W. Bush, Joe Biden y Donald Trump– y seis presidentes peruanos –Alberto Fujimori, Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, Dina Boluarte, José Jerí y José María Balcázar–, primero como ministro y luego como embajador, puedo afirmar que es ahora cuando ambos países tienen la oportunidad de reconfigurar su relación para las próximas décadas.
Esta oportunidad surge de una necesidad compartida: procurar que el Perú, los Estados Unidos y la región en su conjunto sean un espacio de paz y prosperidad. Un interés prioritario es la lucha contra las organizaciones narcoterroristas, que afectan el progreso de las Américas a través del crimen organizado y el deterioro de las instituciones democráticas. Ha aparecido, además, una nueva fuente de ingresos ilícitos: la minería ilegal.
Para hacer frente a esta problemática, la administración Trump ha lanzado la “Coalición de las Américas contra los cárteles del narcotráfico”, a la que se han sumado 18 países, entre ellos el Perú. Esta coalición pretende sumar esfuerzos para desmantelar a estas organizaciones, privarlas de cualquier control territorial y de sus fuentes de financiamiento, neutralizando la capacidad de exportar violencia y proyectar influencia mediante la intimidación y la corrupción. El Secretario Rubio ha sido claro al señalar que esta coalición no producirá simplemente documentos periódicos, sino que estará orientada, en el marco de la ley, a la acción concreta y coordinada.
El Perú y los Estados Unidos están ligados por el interés en asegurar la cadena de suministros para la transición energética, en particular en materia de minerales críticos y tierras raras, para lo cual se suscribió un memorándum de entendimiento en el 2025. Nuestro país cuenta con una importante cartera de proyectos en este rubro.
En ese esfuerzo por consolidar una matriz energética más limpia, venimos alentando las inversiones recíprocas. La compañía peruana Hochschild Mining ha anunciado el desarrollo de una planta de separación de tierras raras en Louisiana, mientras que la estadounidense BlackRock potenciará el puerto de Matarani, en Arequipa, importante puerto de salida del cobre peruano.
La realidad geopolítica mundial ha cambiado, y la posición estratégica del Perú, en el centro de Sudamérica y de cara al Asia-Pacífico, tiene el potencial de convertirlo en un ‘hub’ portuario continental y en un punto clave de conexión de la región con el mundo.
Estados Unidos ya designó al Perú como Aliado Principal Extra-OTAN, condición que solo tenían otros tres países de la región, lo cual potenciará la cooperación militar. También se ha apostado por los Estados Unidos para la construcción de la nueva base naval de la Marina de Guerra peruana, con una inversión de 1.500 millones de dólares; se ha recibido la donación de nueve helicópteros Black Hawk para la lucha contra el narcotráfico, y se ha adquirido una moderna flota de aviones de combate F-16 de fabricación estadounidense.
Además, el Perú se ha adherido a dos importantes iniciativas estadounidenses: la Blue Dot Network, programa que promueve inversiones de calidad en infraestructura, y los Acuerdos Artemisa, que abren la posibilidad de construir un puerto espacial en nuestro país e impulsarán la cooperación en la exploración aeroespacial.
Con esta convergencia de intereses, estamos llevando la relación bilateral a una nueva etapa: frente a oportunidades y desafíos globales, ambos países comparten una visión sustentada en las ideas y valores que nos unen como democracias. El gobierno que resulte elegido deberá mantener viva y dinámica la relación con los Estados Unidos, como ha ocurrido en esta larga amistad desde hace 200 años. Esto no solo marca una efeméride, sino también un nuevo punto de partida para seguir avanzando hacia una mayor prosperidad para ambos países. En ese esfuerzo, destaco de forma sustantiva el protagonismo del Secretario de Estado Marco Rubio, quien esperamos visite nuestro país próximamente.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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