Los ciudadanos y la elección, por Augusto Townsend Klinge

Me he pasado el último mes y medio dando charlas sobre voto informado y ciudadanía responsable en varias regiones del país y con públicos de lo más diversos, y quisiera aprovechar esta columna para compartir con ustedes algunas reflexiones que me ha dejado esta experiencia.

Antes de arrancar este periplo, yo esperaba toparme con un sentimiento generalizado de desafección hacia la política, de insatisfacción frente a la labor que están desempeñando las autoridades en general, y de relativa indiferencia hacia el proceso electoral. Y, en efecto, hay mucha decepción frente al rol que está cumpliendo la clase política en el país.

Pero eso no se traduce necesariamente en desinterés frente a la discusión pública, en que las personas decidan desconectarse de aquello que los trasciende para enfocarse exclusivamente en su entorno más inmediato. Gente que está en el sector privado o en el sector público, que trabaja en organizaciones de la sociedad civil, estudiantes universitarios y hasta escolares, en todo ámbito pude sostener conversaciones con peruanos y peruanas que querían entender cuál debía ser su rol para sacar adelante al país. Más que apatía, lo que encontré en muchos casos fue compromiso, sentido de agencia y cauto optimismo.

Algunos temas de conversación captaron mejor la atención de ciertos públicos. Por ejemplo, me costó mucho menos de lo que esperaba hacerle ver a los jóvenes los aspectos problemáticos del uso de las redes sociales, no solo en cuestiones de salud mental sino por la manera como polarizan la discusión pública y generan un efecto cámara de eco que hace que veamos como radicales a quienes piensan distinto, cuando en democracia deberíamos estar habituados al pluralismo político.

Con los mayores, caló mucho la discusión sobre valores y legado. Sentían que, en efecto, hay algunos antivalores, como la viveza criolla, que hemos permitido que se conviertan en la regla general en nuestra sociedad. Que si vamos a reclamar por los defectos morales que vemos en las autoridades, tenemos que hacerlo también cuando estos se manifiestan en nuestro entorno cercano. Porque nos toca como ciudadanos ser el ejemplo de lo que queremos ver en los políticos.

Quisiera destacar, finalmente, la cantidad de empresas y organizaciones de la sociedad civil que decidieron abrir espacios internos para conversar sobre el proceso electoral y las prácticas de desinformación que se intensifican durante la campaña. Les digo con franqueza que esto es algo que yo nunca había visto a este nivel, porque lo habitual ha sido que las empresas eludan el tema político por el riesgo de que se interprete que están queriendo inducir el voto.

Decenas de compañías decidieron emprender este año programas de voto informado que, de forma abierta y con todos los cuidados del caso, se enfocaban en explicar la complejidad asociada a la cédula de votación que nos entregarán mañana. Sobre todo para comprender qué implica que el Perú haya regresado a tener un Congreso bicameral y los roles diferenciados que tendrán ahora el Senado y la Cámara de Diputados.

A un día de la elección, no tengo cómo saber qué puede pasar mañana. El resultado seguramente dejará contentos a unos y muy descontentos a otros. Y luego nos insertaremos en un período que es mucho más largo que lo aconsejable, vale decir, el ínterin entre la primera y la segunda vuelta presidencial, que nos volverá a hacer sentir que el país está partido en dos. Pero, si algo me dejan estas conversaciones que he tenido en las últimas semanas, es una fe renovada en que, más allá de lo que pueda ocurrir con la política, los ciudadanos del Perú seguiremos queriendo a este país y trabajando para darle la grandeza que se merece.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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