Anuario iSanidad 2025
Elisenda Martínez, presidenta de la Asociación Española Cáncer de Mama Metastásico (AECMM)
Desde marzo de 2021, cuando me diagnosticaron un cáncer de mama metastásico, cada día doy las gracias por el sistema sanitario que tenemos en nuestro país. Apenas lo había usado hasta entonces, y me sentí acompañada y bien guiada.
Pero cuando llevas un tiempo, empiezas a darte cuenta de que hay cosas que podrían cambiar para mejorar la experiencia. Al fin y al cabo, somos personas y cuando te diagnostican cáncer afrontas la que, seguramente, será una de las fases más complejas de tu vida.


Los profesionales sanitarios necesitan disponer de más tiempo para visitar a pacientes, para seguir formándose: necesitan medidas de conciliación familiar. Los hospitales necesitan disponer de más equipos y personal para garantizar un acceso a toda la ciudadanía a nuevas tecnologías sanitarias. Las personas pacientes necesitamos un sistema que funcione y nos proteja.


Los profesionales sanitarios necesitan disponer de más tiempo para visitar a pacientes, para seguir formándose: necesitan medidas de conciliación familiar
Necesitamos reformular los protocolos de cribado para que sean más eficaces. Si bien es cierto que en estados iniciales es el tumor con una tasa de curación más alta, no debemos pasar por alto que es la principal causa de muerte en mujeres jóvenes, entre los 35 y los 55 años, la mayoría de estas excluidas por edad de los programas de cribado. Pero no solo basta con hacerse, tiene que hacerse bien y situaciones como las que se están viviendo en Andalucía, y recientemente en Madrid, no deberían repetirse.
Necesitamos agilidad en la aprobación de fármacos. Las pacientes metastásicas no disponemos de 586 días, como ocurre en España; en muchas ocasiones ni siquiera de los 180 días que la Unión Europea considera como el tiempo que debería pasar desde que un medicamento se aprueba en la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) hasta que está disponible en los servicios sanitarios de los países miembros.
Tenemos esperanza en poder disponer de fármacos innovadores que nos den más vida: porque esa vida no solo es tiempo con los nuestros, no es un capricho, es tiempo en el que sigue latiendo la esperanza de obtener una cronificación real para poder morir con cáncer y no de cáncer.
Necesitamos una medicina con perspectiva de género, en la que se dé la importancia que tienen las enfermedades que afectan a las mujeres. Sin diminutivos ni paternalismos. Que nos ayude a dar visibilidad y entender que el cáncer de mama no es un año malo. Que, en el mejor de los casos, serán cinco años con una medicación que afectará cognitiva y hormonalmente, provocando un envejecimiento biológico muy brusco, convirtiendo un estado de menopausia inducida en un proceso más difícil que pasar por esa fase de la vida de forma natural.
Necesitamos una medicina con perspectiva de género, en la que se dé la importancia que tienen las enfermedades que afectan a las mujeres. Sin diminutivos ni paternalismos
Necesitamos una medicina integrativa. No es solo cáncer, son patologías previas que pueden verse agravadas por los tratamientos oncológicos u otras que serán consecuencia de estos. Cada persona debe ser tratada como un individuo, con sus patologías y con su contexto, no como diferentes enfermedades que habitan en una persona.
Necesitamos que el sistema que nos diagnostica y nos da medicación nos proteja a nivel social. Necesitamos que los procesos de incapacidad sean más ágiles, empáticos y menos superficiales.
Nuestra discapacidad no se ve y aprendemos a vivir el día a día, aprovechar los buenos y descansar los malos. Y si hay algo que nos apetece mucho, o teníamos un compromiso, vamos a hacer lo posible por poner nuestra mejor sonrisa y disfrutar el momento. Porque tenemos muy claro que la vida es finita y necesitamos esos momentos para seguir adelante, aunque luego paguemos un peaje: la necesidad de descansar de ese sobreesfuerzo.
Necesitamos alzar la voz, pero también que nos escuchen, que nos abran cada vez más espacios. Y por eso estamos aquí. Esa fuerza que nos queda, esa fuerza que viene un día bueno y se va un día malo. Esa fuerza es la que ponemos las personas que formamos parte activa de la AECMM.
Esa fuerza la ponemos no solo por nosotras, sino también por las compañeras que nos han dejado y por las que, desgraciadamente, vendrán. Esa fuerza es nuestro motor, lo que nos une entre nosotras y lo que nos une a ti. Porque somos hijas, madres, hermanas, esposas, amigas… Juntas somos más fuertes. Juntas cambiamos la meta.







Deja una respuesta