Un lunes 14 de junio de 1926, hace un siglo, el Perú obtuvo una victoria diplomática en los hechos sobre la procedencia del plebiscito pactado en el Tratado de Ancón para decidir si Tacna y Arica regresaban al Perú o quedaban en Chile. Ese día, la Comisión Plebiscitaria aprobó una moción presentada por su presidente, el general estadounidense William Lassiter, declarando que “la creación y mantenimiento de condiciones apropiadas y necesarias para la celebración de un plebiscito libre y justo, tal como lo requiere el tratado y el fallo arbitral, constituía una obligación de Chile” y que “esta obligación no ha sido cumplida”. Concluyó que “la celebración de un plebiscito libre y justo, tal como requiere el fallo arbitral, resulta impracticable”. El plebiscito había muerto.
La Comisión Plebiscitaria fue creada por el fallo arbitral del presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge, publicado el 4 de marzo de 1925, con la finalidad de organizar la celebración de un “plebiscito justo” sobre Tacna y Arica, bajo la presidencia de un representante suyo. La integraban también un peruano y un chileno. La comisión estuvo en funciones 11 meses, desde su instalación en agosto de 1925 hasta su disolución el 14 de junio de 1926, y tuvo dos presidentes: el general John Joseph Pershing, de agosto de 1925 hasta fines de enero de 1926, y el general William Lassiter, de febrero hasta la referida disolución.
Lassiter concibió su moción como una medida de último recurso para inducir a Chile a efectuar los cambios necesarios en la situación de los peruanos y así hacer posible un plebiscito justo y libre. Pero las semanas transcurrían y el Gobierno Chileno no los efectuaba. Lassiter tomó la decisión de presentar su moción a la Comisión Plebiscitaria con la aprobación expresa del secretario de Estado de Estados Unidos, Frank Kellogg, en consulta con su predecesor Charles Evans Hugues, su sucesor Henry Stimson y el propio general Pershing.
La aprobación de la moción Lassiter significó la demostración palpable de que un plebiscito “libre y justo” para determinar el destino final de Tacna y Arica resultaba inviable por culpa del Gobierno Chileno y fue mal recibida en Chile, aunque con cierto alivio, pues ya había quedado en evidencia que la celebración de un plebiscito “libre y justo” hubiera significado una aplastante derrota chilena en las urnas y el retorno de Tacna y Arica a la soberanía peruana. El Perú está en deuda con Lassiter.
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