La IA en el desarrollo de medicamentos impulsa terapias más precisas en menos tiempo

Anuario iSanidad 2025
Manuel Zafra, presidente de Merck en España
No es ningún secreto que la inteligencia artificial vive un momento de adopción acelerada. Ya no solo las grandes corporaciones hacen uso de ella, también millones de personas alrededor del mundo en su día a día. Podemos afirmar con total certeza que la IA se ha democratizado.

Si nos enfocamos en el sector salud, según el AI Index Report 2025 elaborado por Stanford, el 78% de las organizaciones sanitarias y científicas ya utiliza soluciones basadas en IA en alguna fase de su actividad. Precisamente, esta combinación de madurez tecnológica y necesidad asistencial está impulsando una transformación profunda en el sector salud.

En el ámbito del medicamento, los avances son especialmente visibles. Las tecnologías basadas en IA permiten analizar con rapidez millones de datos y patrones que, hasta hace muy poco, escapaban incluso a los equipos más especializados.

Somos testigos de que esta capacidad está cambiando la manera de identificar nuevas moléculas y seleccionar biomarcadores que ayudan a determinar qué grupos de pacientes tienen más probabilidades de responder a un tratamiento. El impacto es claro, terapias más precisas y tiempos de desarrollo más cortos para quienes necesitan soluciones innovadoras, siempre con profesionales especializados al mando.

La eficiencia también mejora antes de que un fármaco llegue al paciente. Y es que, durante la fabricación, la IA permite optimizar procesos, ajustar inventarios y anticipar necesidades de producción. Con ello se refuerza la calidad, se reducen los desperdicios y se minimiza el impacto ambiental.

El impacto de la IA es claro, terapias más precisas y tiempos de desarrollo más cortos para quienes necesitan soluciones innovadoras, siempre con profesionales especializados al mando

Además, en las plantas industriales los sistemas inteligentes son capaces de alertar sobre comportamientos o situaciones que podrían poner en riesgo la seguridad, lo que contribuye a un entorno laboral más protegido

Observamos que la IA también está transformando el diseño y el desarrollo de los ensayos clínicos. La capacidad para analizar grandes bases de datos permite identificar de forma más eficiente a las personas que cumplen los criterios específicos de un estudio.

Los modelos predictivos permiten anticipar qué perfiles tienen más probabilidades de responder bien al tratamiento investigado, lo que aumenta las tasas de éxito. Y, al detectar grupos de población que históricamente han estado infrarrepresentados, impulsamos la diversidad y solidez de los resultados.

Los modelos predictivos permiten anticipar qué perfiles tienen más probabilidades de responder bien al tratamiento investigado

Otro ámbito interesante y en expansión es la identificación de nuevas aplicaciones terapéuticas para medicamentos ya disponibles. Mediante técnicas avanzadas de análisis, la IA es capaz de detectar patrones que relacionan efectos farmacológicos con posibles nuevas indicaciones.

Esto no solo permite reutilizar medicamentos existentes, también acelera la llegada de nuevos tratamientos, al reducir la necesidad de iniciar procesos clínicos desde cero.

Todo este avance exige y requiere un marco ético sólido. Si algo debemos tener claro es que la velocidad de la innovación no puede hacernos olvidar que la salud requiere garantías especiales. Es imprescindible asegurar la calidad y privacidad de los datos, evitar sesgos y garantizar que la tecnología opere de forma ética y responsable.

En Merck lo tenemos claro, y detectamos la necesidad de promover un enfoque humanista que sitúe siempre el bienestar de las personas en el centro. La IA debe servir para reforzar la capacidad de los profesionales y mejorar la experiencia de los pacientes, nunca para sustituir el juicio clínico ni la empatía.

Si bien es cierto que la revolución tecnológica también implica un reto formativo. Los profesionales sanitarios, como todos los demás, necesitan adquirir nuevas competencias que les permitan interpretar modelos, integrar datos en la toma de decisiones y utilizar herramientas digitales de manera eficaz.

Las nuevas generaciones, más familiarizadas con las tecnologías emergentes, pueden liderar una etapa donde la ciencia, la tecnología y la sensibilidad humana convivan de manera armónica para impulsar el progreso del sistema sanitario.

Las nuevas generaciones pueden liderar una etapa donde la ciencia, la tecnología y la sensibilidad humana convivan de manera armónica

Una salud más inteligente y artificial no tiene por qué ser una salud menos humana. Las nuevas tecnologías no han llegado para deshumanizar la atención, sino para regalar tiempo de calidad, precisión y una mayor capacidad de decisión a quienes cuidan de la salud de las personas.

El reto colectivo consiste en aprovechar ese potencial de manera ética, sostenible y equitativa para que cada avance tecnológico se traduzca en una mejora real para la salud de nuestra sociedad.

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