En los últimos años, al Perú no le ha faltado una buena proporción de políticos con poca sangre en la cara. Entre estos hemos tenido presidentes, líderes de partidos, congresistas, alcaldes y personajes encumbrados en altas posiciones del aparato público. Forzados a ensayar un orden de méritos entre esta extensa lista, es muy posible que Vladimir Cerrón, líder del partido Perú Libre, aparezca muy cerca del tope en la escala de desfachatez.
En los últimos años, al Perú no le ha faltado una buena proporción de políticos con poca sangre en la cara. Entre estos hemos tenido presidentes, líderes de partidos, congresistas, alcaldes y personajes encumbrados en altas posiciones del aparato público. Forzados a ensayar un orden de méritos entre esta extensa lista, es muy posible que Vladimir Cerrón, líder del partido Perú Libre, aparezca muy cerca del tope en la escala de desfachatez.
Como se sabe, el exgobernador de Junín está prófugo desde hace más de dos años. Pesa sobre él una orden de captura para que cumpla prisión preventiva por un caso de lavado de activos. Sin embargo, a pesar de encontrarse escondido, Cerrón decidió emprender una campaña en busca de la Presidencia de la República este año. Por ahora, esta se ha limitado a medios virtuales, pero en una reciente actividad proselitista anunció que espera reencontrarse “de manera personal” con sus militantes.
En estos días, a propósito de la juramentación de José María Balcázar (Perú Libre) como presidente, Cerrón inició una cómoda gira comunicacional por videollamada con distintos medios. Habló en estas entrevistas, por ejemplo, de la conformación de un “frente antiderechista” con los votos de Alianza para el Progreso, Podemos Perú y Acción Popular para elegir a Balcázar. En cada aparición se mostraba exultante de haber “recuperado el gobierno de manera simbólica”, a pesar de contar con una bancada minoritaria.
Con la conformación del Gabinete aún incierta, no queda claro por ahora cuánto de simbolismo y cuánto de influencia real tendrá Perú Libre sobre el gobierno, pero las señales empiezan a aparecer. Por ejemplo, Loly Herrera, abogado vinculado a Cerrón con paso por el Gobierno Regional de Junín y el gobierno de Pedro Castillo, sería nombrado secretario general de Palacio de Gobierno, uno de los puestos más influyentes en el Ejecutivo.
Cerrón difícilmente debería ser visto como un líder político con quien coordinar la agenda nacional, como recientemente indicó Balcázar que intentaría hacer. No es un estadista. Solo este mes, el Poder Judicial amplió por 24 meses la investigación preparatoria que se le sigue por el presunto financiamiento ilegal de campañas del partido Perú Libre entre el 2008 y 2021. La evidencia en su contra en diversos casos es abundante, y el hecho de que permanezca oculto de la justicia lo descalifica de por sí de cualquier intento de participación legítima en el espacio político. Ese extremo debería ser evidente para todos los actores de buena fe.
Si Cerrón se burla de la institucionalidad peruana con entrevistas celebratorias desde la clandestinidad, la mejor respuesta del Estado debe ser su próxima captura y puesta a derecho. Van más de 800 días y ya estuvo bueno.













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