El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se ha convertido en una oportunidad para reconocer el terreno ganado por millones de mujeres en el ámbito social, académico, empresarial y político. Sin embargo, también es una fecha para mirar con honestidad aquello que aún no funciona como debería. En los últimos años, el sector privado ha asumido un rol cada vez más activo en promover el liderazgo femenino, reducir brechas y fortalecer entornos laborales más equitativos. Ese esfuerzo es necesario y debe continuar, pero no basta.
Según reportes recientes de la Superintendencia del Mercado de Valores, la presencia femenina en directorios de empresas que cotizan en bolsa ha venido creciendo sostenidamente en los últimos años, superando el 15%. Asimismo, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática, la participación de las mujeres en la población económicamente activa continúa en aumento y hoy representa cerca del 45% de la fuerza laboral del país. Estos avances son relevantes y reflejan un cambio cultural progresivo, pero caminan muy lento. El reto no es solo ampliar la participación, sino asegurar condiciones que permitan sostener y acelerar ese crecimiento, especialmente en espacios de alta dirección y toma de decisiones.
En un año electoral, cuando debatimos el rumbo del país y el tipo de liderazgo que necesitamos, este tema debería ocupar un lugar central en la agenda pública. No como una promesa declarativa, sino como una prioridad de gestión. Fortalecer las capacidades institucionales, garantizar el presupuesto adecuado y medir resultados con transparencia son pasos indispensables para avanzar.
La equidad no es una bandera ideológica; es un punto clave para el desarrollo. Un país que garantiza seguridad y confianza institucional para las mujeres fortalece su capital humano, impulsa su productividad y consolida su cohesión social.
Desde las empresas, debemos seguir promoviendo culturas organizacionales seguras, protocolos claros para evitar la discriminación y mayores oportunidades de liderazgo femenino. Pero, teniendo en cuenta que la construcción de una sociedad más equitativa requiere un esfuerzo articulado entre Estado, sector privado y sociedad civil, debemos exigir que todos estos actores trabajemos con el mismo objetivo.
Este 8 de marzo debe invitarnos a reafirmar un compromiso compartido: que la igualdad de oportunidades sea un pilar de nuestra agenda pública y que la equidad sea, verdaderamente, una prioridad nacional. Solo así podremos hablar de un desarrollo inclusivo, competitivo y sostenible para el Perú.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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