Anuario iSanidad 2025
Dr. Juan Antonio Vargas, jefe de Estudios del Hospital Puerta de Hierro Majadahonda
La humanización en la atención médica se caracteriza por un conjunto de prácticas asistenciales orientadas a lograr mejor atención y mayor cuidado. Humanizar no es ser complaciente ni condescendiente, humanizar es reconocer que el otro es un agente ético con la misma jerarquía y que el médico debe contribuir a fortalecer su claridad de decisión con información adecuada, veraz y comprensible.


Al tratar a los pacientes con dignidad y respeto los médicos no solo mejoran la experiencia del paciente, sino que también fomentan una mayor adherencia al tratamiento y mejores resultados de salud.
El principio de la humanización es la palabra, la condición de sujetos que se comunican. La sustitución de la palabra por la tecnología, por el silencio o por la indiferencia en el acto médico ha obrado en detrimento del vínculo médico-paciente. Es entonces cuando cobra importancia el retorno a las humanidades, que se articula fuertemente con la bioética, la integridad y la sensibilidad cultural.
Humanizar es reconocer que el otro es un agente ético con la misma jerarquía
Es así como, ya desde las etapas formativas, el médico se debe entrenar mediante las humanidades en comprender al otro mediante la incorporación del relato, del teatro, de la pintura, la música o la poesía como medios para desarrollar la capacidad de reconocer al otro y ponerse en su situación. No basta, por tanto, con el conocimiento. Es necesario también el desarrollo de habilidades específicas: de comunicación, de empatía…
Son dos los valores profesionales que resultan centrales en la práctica médica: en primer lugar, la competencia clínica basada en la capacidad de juicio clínico; en segundo lugar, el respeto por las personas, que englobaría actitudes y valores como la compasión, la honestidad, la confianza y el reconocimiento del paciente a realizar sus propias elecciones médicas.
Este respeto a los enfermos lo manifestaba Gregorio Marañón y lo intentaba inculcar en la mente de sus discípulos. Es conocido que una vez le preguntó un periodista cuál había sido para él el avance más importante que había tenido la medicina, a lo que Marañón respondió de forma muy precisa: la silla.
Quería con ello insistir en que, en la práctica de la medicina, lo más importante era lo que contaba el paciente y que dedicar tiempo a hablar con el paciente, mirarle a los ojos, seguían y siguen siendo aspectos fundamentales e insustituibles de la relación médico-paciente.
La sustitución de la palabra por la tecnología, por el silencio o por la indiferencia en el acto médico ha obrado en detrimento del vínculo médico-paciente
En este sentido, la historia clínica constituye la principal herramienta del médico y debe ser realzada en la práctica clínica de nuestros médicos en formación al mismo tiempo que la adquisición de competencias como empatía, humildad, cercanía, comprensión y humanismo médico.
Siendo esta una verdad incuestionable, es cierto que en la práctica diaria de centros de salud y hospitales son muchos los factores que intervienen en la relación médico-paciente: el nivel cultural, la actitud y el carácter del enfermo; la personalidad, rígida o dialogante, del médico; la intervención de otros profesionales sanitarios; la disponibilidad de recursos y de tiempo; y la tecnología, entre otros.
En 1959, Gregorio Marañón es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Coímbra y en su discurso relaciona la ciencia y la técnica con el humanismo “… no representan, como muchos creen, una contradicción, una pugna, con clima espiritual diferentes, sino solo una encrucijada inevitable y fecunda”.
Conseguir un equilibrio entre estos polos depende de la amplitud de la formación del médico
Conseguir un equilibrio entre estos polos depende de la amplitud de la formación del médico. El único medio de lograrlo es la práctica clínica diaria cara a cara con el paciente, contemplándole como individuo dotado de autonomía, y tomando como base la historia clínica.
El núcleo de la historia clínica es la relación médico-paciente y esta no se construye únicamente con datos clínicos y científicos. Esto implica no solo tratar la enfermedad, sino también abordar las necesidades emocionales, sociales y psicológicas del paciente.
En este sentido, pocas obras pictóricas han mostrado y valorado tanto el acto médico como El médico, de Sir Lukes Fildes, pintado en 1891. Este cuadro se ha convertido en un icono del compromiso médico, del afán de ayudar a los enfermos y sus familias, así como de la repercusión en su propia persona de la frustración ante la imposibilidad de sanar a su paciente. Sin duda, refleja el humanismo de la relación médico-paciente y lo que obligadamente debemos transmitir a nuestros estudiantes y residentes.






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