Siempre se ha incidido en la necesidad de tener partidos políticos sólidos e institucionalmente fuertes, con coherencia ideológica y fortalezas programáticas.
Los resultados de estas elecciones barrieron a varios partidos de papel y a varios candidatos que, en realidad, jugaban una especie de tinka, a ver qué salía. Otros, partidos y candidatos, en cambio, lanzaban su primer intento pensando más en el futuro, o en un segundo debut, también con miras al 2031, y buscaban posicionarse como nuevas alternativas, alejados de las prácticas que el electorado rechazó con rabia este año.
Sin embargo, no sabemos si las circunstancias, los intereses o su propio cálculo político van llevando a varios de ellos a dejar de lado sus propios proyectos o esas alternativas aparentemente distintas.
Jorge Nieto se definía como centro-centro, alejado de los extremos, y llamó al voto viciado. Al filo de la segunda vuelta, dijo que rechazaba a los compañeros de Sánchez por su militancia o cercanía con Sendero Luminoso o el Movadef, pero, luego, pide la libertad de Pedro Castillo y ahora lleva a su Buen Gobierno a una alianza con ellos, luego de conversar larga y amenamente con López Aliaga. ¿Qué pasó?
Según ha señalado Javier Bedoya Denegri, Carlos Espá vetó al fujimorismo cuando iniciaban las conversaciones para una alianza de derecha, y dijo que de ninguna manera con Keiko Fujimori. Durante su campaña buscó diferenciarse de los demás partidos y, habiendo sido un candidato destacado con futuro prometedor, parecía empezar a consolidar una alternativa para el 2031. Hace pocos días criticó a Jorge Nieto por haber sido ministro de PPK y haber trabajado de cerca con Susana Villarán. Hoy, cuando se le menciona como posible canciller de Keiko Fujimori, uno se pregunta: ¿qué pasó?, ¿no tiene problema que se hable de él como el ministro de alguien?
Rafael Belaunde parecía también apostar por convertirse en una nueva alternativa para la política como candidato presidencial, en un partido nuevo que buscaba generar consensos en un centro derecha alejado de los extremos. Se reunía con Harvey Colchado y Gino Costa para invitarlos a su lista. Pero luego dio su pleno respaldo a Keiko Fujimori, y muchos de los militantes de su partido renunciaron y lo dejaron. Hoy se dice que será el próximo ministro de Defensa.
El caso de Rafael López Aliaga es nuevo en la política peruana. Quiso ser presidente y no llegó, ganó como senador y no quiso asumir el cargo, postula como regidor para Lima y su suerte queda en manos del electorado limeño. ¿Y si su candidato a la alcaldía de Lima no gana, seguirá como regidor?, ¿si no asume la alcaldía por renuncia del titular, qué hará los siguientes cinco años?
En todos los casos se trata de candidatos presidenciales en el 2026 a quienes se les mencionaba como posibilidad para el 2031. Su coherencia y consistencia se ponen a prueba. ¿Cuál será su futuro?












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