Anuario iSanidad 2025
Dra. Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG)
Durante años, la atención primaria (AP) ha sido objeto de análisis, informes, estrategias y planes. Todos con un denominador común: coinciden en el diagnóstico, pero rara vez se atreven con el tratamiento. Mientras tanto, la realidad cotidiana en los centros de salud sigue deteriorándose, las plantillas se agotan, los pacientes esperan y el sistema sanitario se resiente.

No necesitamos más documentos que describan lo que ya sabemos. Lo que nos hace falta es decisión política, visión estratégica y compromiso real para implementar los cambios que la AP lleva reclamando desde hace demasiado tiempo. Porque la AP no puede seguir siendo la eterna paciente del sistema. No necesita compasión ni discursos bienintencionados, sino una transformación efectiva, integral y sostenida en el tiempo.
Los profesionales que trabajamos en ella sabemos perfectamente qué hay que hacer. Lo hemos explicado en congresos, defendido en informes y plasmado en múltiples propuestas. Pero los cambios no se consolidan porque la acción no acompaña a la palabra.
La atención primaria necesita compasión ni discursos bienintencionados, sino una transformación efectiva, integral y sostenida en el tiempo
Hablamos de insuficiencia estructural crónica: de una AP con una financiación que no llega al 25% del gasto sanitario, cuando debería acercarse al 30%. De equipos sobrecargados, que asumen cada vez más tareas, con plantillas reducidas y envejecidas. De burocracia que asfixia la relación clínica y desvía al médico de su verdadero cometido: cuidar. De infraestructuras obsoletas y de carreras profesionales fragmentadas que desincentivan la estabilidad y el desarrollo.
Nada de esto es nuevo. Lo repetimos desde hace más de dos décadas. La situación ya no es reversible con simples ajustes o pequeñas reformas. Si no se actúa con valentía, corremos el riesgo de asistir al colapso funcional de la base del sistema sanitario.
Y no lo digo como advertencia alarmista, sino como observación basada en la evidencia: cuando la AP falla, todo el sistema tambalea. Lo estamos viendo en la sobrecarga hospitalaria, en las urgencias desbordadas, en la fragmentación de la continuidad asistencial y, sobre todo, en la pérdida de confianza de la ciudadanía.
Si no se actúa con valentía, corremos el riesgo de asistir al colapso funcional de la base del sistema sanitario
Basta ya de mesas, comisiones y planes que no se traducen en hechos. Es el momento de gobernar con decisión y poner en marcha medidas estructurales, medibles y evaluables.
Necesitamos un modelo de financiación finalista, que garantice recursos estables y equitativos. Necesitamos tiempo clínico protegido, con agendas racionales que devuelvan a la consulta el espacio de la escucha y la reflexión. Necesitamos autonomía de gestión en los equipos, para que puedan organizar su trabajo con eficiencia y sentido clínico. Y necesitamos, sobre todo, reconocer el valor del médico y de la enfermera de familia como ejes vertebradores del sistema.
La atención primaria es el espacio de la proximidad, de la continuidad, de la confianza. Pero también es el espacio donde la innovación puede y debe desplegarse. Digitalización, inteligencia artificial, telemedicina, gestión de datos… todo ello puede contribuir, siempre que se ponga al servicio del tiempo con el paciente y no como un fin en sí mismo.
Existen comunidades autónomas, proyectos y experiencias que han demostrado que se pueden hacer las cosas de otra manera
No partimos de cero. Existen comunidades autónomas, proyectos y experiencias que han demostrado que se pueden hacer las cosas de otra manera. Modelos de gestión por competencias, reorganización de equipos, atención comunitaria, coordinación sociosanitaria y redes de investigación en AP. Pero para que estos ejemplos aislados se conviertan en norma hace falta una política sanitaria con perspectiva de Estado.
No se trata solo de recursos, sino de prioridades. La AP no puede seguir siendo el residuo presupuestario ni el espacio donde se descargan las tensiones del sistema. Debe ser reconocida —y financiada— como la auténtica columna vertebral del Sistema Nacional de Salud (SNS).
Desde la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) lo decimos con claridad: la atención primaria es el presente y el futuro de la sanidad española, pero su supervivencia depende de que dejemos de hablar y empecemos a actuar. No podemos seguir esperando un plan más. No necesitamos otro documento de consenso. Necesitamos decisiones valientes, medibles y sostenidas.
Los médicos de familia, los profesionales de enfermería, los administrativos y todo el personal de los centros de salud seguimos comprometidos con nuestros pacientes, incluso en condiciones que a menudo rozan lo imposible. Pero ese compromiso no puede ser excusa para que las instituciones no actúen.
La atención primaria no pide privilegios, pide coherencia. Pide que se cumpla aquello que todos los informes, estrategias y comisiones ya han dictaminado: que, sin una AP fuerte, cercana, resolutiva y humana, no hay sistema sanitario que pueda resistir. Ha llegado la hora de pasar del papel a la acción. Basta ya de diagnósticos. Es tiempo de tratamiento







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