Redacción
Según el informe más reciente de The Lancet sobre salud y cambio climático, 11,8 millones de muertes registradas entre 2021 y 2022 se asociaron a dietas desequilibradas, caracterizadas por un elevado consumo de carne y un menor consumo de alimentos de origen vegetal. Esta cifra refleja el peso de los actuales patrones alimentarios en la carga global de enfermedad. Desde la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) recuerdan la importancia de reflexionar sobre los patrones alimentarios y su impacto tanto en la salud individual como en el entorno.
Un exceso de productos ultraprocesados y un elevado consumo de alimentos de origen animal (principalmente carne roja procesada) marcan el patrón del consumo actual, el cual se relaciona con un mayor riesgo de enfermedades crónicas (con incrementos de hasta un 23% en enfermedades cardiovasculares o de entre un 20% y un 40% en hipertensión arterial) y con una creciente presión sobre los recursos naturales.
11,8 millones de muertes se asociaron a dietas desequilibradas, según un estudio de The Lancet
“La forma en que nos alimentamos nos conecta directa e ineludiblemente con la naturaleza. No se trata solo de cuánto comemos, sino de qué comemos y cómo se produce”, explica Paula Bellido Izquierdo, vocal de residentes de la Semfyc y una de las autoras del artículo ‘Nutrición con visión de salud planetaria: estrategias para la atención primaria’ publicado en la revista Atención Primaria. “La evidencia científica indica que el actual modelo alimentario influye tanto en la salud de las personas como en la del planeta. Desde la Medicina de Familia podemos acompañar a la población hacia cambios progresivos y realistas que tengan un impacto positivo en ambas dimensiones”, añade.
Ante este contexto, la atención primaria ocupa una posición estratégica para promover recomendaciones adaptadas a cada paciente. La continuidad asistencial y la relación de confianza facilitan la adopción de hábitos que pueden mantenerse en el tiempo y ajustarse a las particularidades culturales, económicas y de salud de cada persona. “Promover cambios en la alimentación no significa imponer restricciones drásticas, sino acompañar a las personas con alternativas saludables y sostenibles que puedan integrar en su vida cotidiana. Cada paso hacia patrones alimentarios más equilibrados contribuye a la salud individual y del planeta, y desde la atención primaria podemos ser un referente para guiar estas transformaciones”, concluye Paula Bellido.


El uso creciente de antibióticos en los animales pueden favorecer al desarrollo de resistencias antibióticas transfiriéndose a los humanos
Las dietas basadas mayoritariamente en productos de origen vegetal, como la dieta planetaria, se plantean como una alternativa que puede contribuir tanto a mejorar indicadores de salud como a reducir la presión ambiental. Además, el modelo de producción basado en la ganadería intensiva y el uso creciente de antibióticos en los animales no solo facilita la proliferación de enfermedades infecciosas, sino que también puede contribuir al desarrollo de resistencias antibióticas que pueden pasarse de animales a humanos y favorecer la proliferación de nuevas pandemias, uno de los desafíos más relevantes para la salud pública actual. Esta interconexión entre alimentación, producción y salud refuerza la importancia de avanzar hacia patrones dietéticos más sostenibles y de reducir el consumo de productos de origen animal cuando sea posible.
Con el fin de concienciar más sobre esta problemática, la Semfyc celebrará el IV Congreso de Residentes, Jóvenes Médicas y Médicos de Familia, Tutores y Unidades Docentes, los días 20 y 21 de marzo en Zaragoza. Durante el evento, se reflexionará sobre la relación entre cambio climático y salud, y los retos que plantea su abordaje desde la práctica clínica.








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