Los planes de gobierno presentados ante el JNE para las elecciones presidenciales de 2026 muestran que la gestión de los recursos hídricos aparece de manera recurrente, aunque con niveles muy distintos de profundidad. En la mayoría de los planes, el agua se aborda desde dos frentes principales: el cierre de brechas en agua potable y saneamiento, y la expansión de infraestructura hidráulica para actividades productivas. Es decir, el énfasis está puesto en obras y servicios, más que en una política integral de gestión del recurso.
Llama la atención, además, que algunos planes mencionen la existencia de un “Consejo Nacional del Agua”, una institución que no existe en el Perú. Este tipo de referencias abre incluso la pregunta sobre cuánto de estas propuestas ha sido elaboradas con apoyo de herramientas de inteligencia artificial o mediante procesos de compilación poco rigurosos.
En las propuestas asociadas a sectores de centro y derecha, el enfoque se orienta principalmente a ampliar proyectos de irrigación, fortalecer la infraestructura hidráulica y asegurar el abastecimiento de agua para la agricultura y las ciudades. Estas iniciativas se presentan como motores para dinamizar economías regionales, impulsar la inversión y mejorar la seguridad hídrica frente a sequías o eventos climáticos extremos.
En los planes de partidos de izquierda o centro izquierda, el énfasis aparece más ligado a la gobernanza de los recursos naturales y al rol del Estado en su gestión. Se plantea fortalecer la capacidad estatal para administrar recursos estratégicos y mejorar la regulación de su uso. Sin embargo, en la mayoría de los casos, las medidas específicas para la gestión del agua quedan formuladas de manera muy general.
Un rasgo común en casi todas las propuestas es la limitada presencia de instrumentos de política hídrica propiamente dichos. Pocas iniciativas detallan reformas institucionales, esquemas de gestión por cuencas o mecanismos económicos para la asignación eficiente del agua. Del mismo modo, temas clave como la adaptación al cambio climático, la protección de ecosistemas hídricos o la gestión integrada de recursos hídricos aparecen de manera marginal o como parte de capítulos ambientales más amplios.
En resumen, aunque el agua está presente en casi todos los planes de gobierno, su tratamiento sigue siendo fragmentado. En un país marcado por conflictos por el agua, variabilidad climática, problemas de gestión y creciente presión sobre las cuencas, la discusión electoral continúa concentrándose en obras, pero sin una verdadera estrategia de gestión hídrica que permita reducir el riesgo de casi el 40% de nuestro PBI que depende de este recurso.
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