Aún faltan un buen puñado de días para conocer quién saldrá victorioso de estas elecciones raras por varios lados, desde los desaguisados de la ONPE hasta las innumerables veces que fue interrumpida por los cambios de gobierno. En esta nueva ocasión, la cuarta, Keiko Fujimori tendría mayores posibilidades de obtener la tan ansiada presidencia porque ha logrado reconstruir una nueva imagen de moderación y, sobre todo, porque ha vuelto a representar las demandas de ese mundo popular y emergente que ve en ella solo una parte de lo fue su padre: el apellido Fujimori.
Hasta este cuarto partido, Keiko Fujimori ha llegado con todas las circunstancias pasadas en su contra. Estuvo presa tres veces, por más de 400 días; un fiscal –que ahora, cándido él, milita en el partido con el que disputa la segunda vuelta– la persiguió durante casi una década; se divorció de quien ahora es un tiktoker y falleció su padre; pero la mujer allí va a rescatar los muebles para honrar a sus hijas.
Keiko Fujimori tiene probabilidades de ganar. No tantas como ella quisiera, pero sí mejores que las de Roberto Sánchez, su rival. A ella no le quedó otra que tomar los restos del fujimorismo y hasta ahora ha logrado organizar un partido territorial más que funcional. Porque Fuerza Popular tiene más mística que ideología, aunque sus voceros se reflejan en el espejo de una derecha popular que solo existe en la teoría porque el Perú es un país de sociología conservadora, sobre todo ese “otro Perú” que González Prada explicó bien cuando observó derrumbarse las baterías de San Juan y Miraflores. El marketing político no sirve para observar los fenómenos intrínsecos en la sociedad, como tampoco sirve para mirar lo que hasta ahora es Fuerza Popular, una especie de movimiento, de frente social-popular, con una rigurosa experiencia política en el Legislativo que en este nuevo partido recupera el viejo bastión del mundo popular y emergente, por más que la izquierda reclame “lo popular” a su favor.
Lo curioso de todo es que si Keiko Fujimori gana no habrá ni el autoritarismo ni menos esa concentración de poder que hoy malamente le endilgan, ya sea por el antifujimorismo irracional o por un progresismo sin argumentos. El gobierno –sea quien sea que llegue– empezará débil porque entrará a las tierras desconocidas de una nueva institución, el Senado, y sin mayoría en la Cámara de Diputados; pero sobre todo porque la sociedad –cansada de extorsiones, delincuencia y corrupción– ya no admite torpezas, yerros o aprendizajes como en su día los justificadores de Pedro Castillo argumentaron.
De ganar, Keiko Fujimori tiene la enorme responsabilidad de hacer reformas sustanciales en cuanto al propio Estado, pero además deberá convocar a un pacto nacional –una nueva transición– que organice el Perú político a través de reformas electorales, potencie a los partidos (verdaderas correas de transmisión) y reduzca el ánimo fratricida en algunos sectores políticos; porque –seamos honestos– la “transición del 2001” fue una “transición del veto y la revancha” más que una propia transición “a la chilena o española”, y quizá allí está el inicio de todo lo ahora ocurre. Si gana, su próximo presidente del Consejo de Ministros deberá buscarlo en las canteras del centro político-tecnocrático. La paradoja de todo lo anterior es que sería una Fujimori quien reorganice lo que su padre desmontó.
Este Fuerza Popular, hechura de Keiko, es la nueva centralidad de la política peruana así no le guste reconocerlo a tirios y troyanos, pero es la realidad; y ese Fuerza Popular se aparta hoy del radicalismo de una nueva derecha ‘trumpista-porkista’ que empieza a agitar las banderas de un antifujimorismo de derecha, enfermedad singular que empieza a crecer en sectores ultras.
¿Y si pierde? Pues Fuerza Popular seguirá siendo el partido del régimen sin el argumento del “fraudismo”. Seguirá como el partido central y de la centralidad –durante más de dos décadas– en la política peruana, por más que algunos lo odien y rechacen. Sánchez, ya como presidente, cometería todos los errores, pero –siendo el relato lo más importante– Fuerza Popular asumiría las consecuencias.
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