Esta es la primera vez desde las elecciones del 2011 que el Perú va a las urnas en un contexto de crecimiento de doble dígito de la inversión privada. Otros indicadores económicos, como el empleo formal, la tasa de pobreza y la recaudación tributaria, vienen mejorando sostenidamente desde hace uno o dos años.
Esta es la primera vez desde las elecciones del 2011 que el Perú va a las urnas en un contexto de crecimiento de doble dígito de la inversión privada. Otros indicadores económicos, como el empleo formal, la tasa de pobreza y la recaudación tributaria, vienen mejorando sostenidamente desde hace uno o dos años.
¿Pueden las elecciones descarrilar este impulso? Por supuesto que sí. De acuerdo con un reciente reporte del Instituto Peruano de Economía (IPE) publicado ayer en este Diario, tras el pase a segunda vuelta de Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú (JP), el indicador de expectativas económicas a corto plazo del Banco Central de Reserva pasó por primera vez en 23 meses a terreno negativo.
Como es evidente, menor confianza en la economía significa menos inversión privada, menos empleo de calidad y mayor pobreza. Pero esta secuencia necesaria de eventos no es algo que preocupe demasiado a quienes apoyan la propuesta política del plan de gobierno de JP. Este último, por ejemplo, es hostil a la inversión privada, amenaza con estatizar empresas y promueve el cambio absoluto de reglas de juego (de eso se trata, después de todo, una asamblea constituyente).
Además, su propuesta de campaña para subir a S/1.500 mensuales la remuneración mínima vital (RMV) suena particularmente contradictoria frente al énfasis que JP ha intentado colocar en la importancia que le da al desarrollo de las mype. Con una subida de más de 31% frente al nivel vigente de RMV, serían justamente las empresas más pequeñas –con alto riesgo de pasar a la informalidad– las más perjudicadas. Los trabajadores menos productivos –con menos educación y experiencia– verán más lejanas sus posibilidades de entrar en planilla. Y todo esto, de acuerdo con el IPE, para beneficiar apenas al 3% de trabajadores.
El equipo de Roberto Sánchez quiere convertir menos inversión en más ingresos para la población. Esta alquimia que quiere ensayar JP no es una historia nueva y nunca ha funcionado. Sus proponentes son los mismos que venden estos cuentos desde hace décadas, pretendiendo ignorar que al Perú siempre le ha ido mejor cuando más oportunidades de inversión privada ha generado –incluyendo a los millones de peruanos que salieron de la pobreza en el último período de alto crecimiento–. Sospechamos, sin embargo, que en el fondo solo pretenden ignorancia. Sus verdaderos incentivos están por otro lado.













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