Cada mes de julio, la bandera vuelve a ocupar balcones y plazas, el himno acompaña ceremonias y nuestra historia reaparece en las conversaciones de los hogares y centros de trabajo. Las Fiestas Patrias nos invitan a celebrar la independencia del Perú, pero también a hacernos una pregunta indispensable: ¿qué país queremos construir juntos?
Responderla exige comprender que la peruanidad es, sobre todo, una manera de reconocernos como parte de una comunidad diversa. Somos resultado de múltiples culturas, lenguas, memorias y formas de mirar el mundo. Ser peruano se vive de manera distinta en una ciudad, una comunidad amazónica, una localidad andina, una empresa, una universidad o una organización social. Lejos de separarnos, esa pluralidad puede ser nuestra mayor fuente de creatividad y fortaleza.
Celebrar nuestra identidad nacional supone, entonces, mirar más allá de lo que nos resulta cercano y escuchar a quienes conocen un Perú distinto del nuestro. Como rectora, tengo el privilegio de encontrarme con estudiantes y autoridades de distintas regiones del país. En esos encuentros confirmo una convicción esperanzadora: el talento peruano está en todas partes. Lo acompañan el deseo de aprender y una voluntad de excelencia que, aun sin las mismas oportunidades, persiste y abre caminos.
Allí reside uno de nuestros mayores desafíos: convertir ese talento en oportunidades reales para todos. La educación cumple un papel decisivo. En las aulas universitarias coinciden jóvenes con historias, ideas y metas diferentes. No solo adquieren conocimientos para ejercer una profesión; también aprenden a argumentar, escuchar, cuestionar sus propias certezas y trabajar con quienes piensan de otra manera. En tiempos de cambios acelerados, estas capacidades son esenciales para innovar sin perder el sentido ético y para transformar la incertidumbre en posibilidades.
Antes que profesionales, debemos formar ciudadanos íntegros que ejerzan su libertad con responsabilidad y pongan sus capacidades al servicio del bien común. La peruanidad también se construye en decisiones cotidianas: cuando cumplimos nuestras obligaciones, cuidamos los espacios públicos, rechazamos la indiferencia ante una injusticia, reconocemos el mérito sin importar el origen o elegimos colaborar en lugar de dividir.
El Perú necesita instituciones que generen confianza y personas dispuestas a tender puentes. Necesita que el Estado, la academia, la empresa y la sociedad civil trabajen con una mirada de largo plazo. Ningún sector puede resolver por sí solo nuestros desafíos; juntos, en cambio, podemos ampliar las oportunidades, impulsar una educación de calidad y promover un desarrollo que llegue a todas nuestras regiones.
Estas Fiestas Patrias son más que una conmemoración. Nos recuerdan que el Perú no es únicamente una herencia recibida, sino una tarea compartida. Amar al país significa valorar aquello que nos une y, al mismo tiempo, mirar con honestidad lo que todavía debemos transformar. Significa no resignarnos, porque contamos con el talento, la diversidad y la energía necesarios para avanzar.
El futuro del Perú no es un lugar lejano al que algún día llegaremos. Empieza hoy, en cada decisión que fortalece la confianza, abre una oportunidad o acerca a quienes piensan distinto. Hagámoslo posible juntos. ¡Felices Fiestas Patrias!
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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