Mañana es el Día de la Tierra y hay amplios motivos para celebrarlo con felicidad y optimismo. Cuando esta conmemoración anual empezó en 1970, dominaba un clima de opinión sombrío. La humanidad, se decía, estaba destruyendo el planeta debido a la sobrepoblación y el sobreconsumo.
El celebrado biólogo Paul Ehrlich, recientemente fallecido, había declarado que sí o sí cientos de millones de personas iban a morir de hambruna en los setenta y ochenta. El Club de Roma predecía el agotamiento de los recursos naturales. Si no se tomaban medidas drásticas, el mundo se dirigía a la catástrofe.
Felizmente, la humanidad no solo ha evitado tal destino, sino que está viviendo una era de “superabundancia”. Ese es el término que los investigadores Marian Tupy y Gale Pooley usan en un estudio (“Simon Abundance Index”) que será publicado esta semana para describir un mundo caracterizado por una creciente población y mayores recursos.
Los autores examinan el precio de 50 productos básicos –alimentos, minerales, insumos industriales, bienes energéticos– y lo comparan con los ingresos desde 1980 hasta el 2025. De esa manera pueden determinar el precio de un bien en términos de tiempo, o cuántas horas de trabajo requieres para comprar un bien.
Visto de esa manera, los bienes se volvieron más abundantes. Según Tupy y Pooley, “los precios en términos de tiempo de los 50 productos básicos cayeron un 70,9% en promedio […]. Lo que en 1980 requería una hora de trabajo, ahora requiere aproximadamente 18 minutos. Dicho de otro modo, la misma hora de trabajo que en 1980 permitía comprar una sola unidad de un producto típico permite comprar 3,44 unidades en el 2025, lo que supone un aumento del 244% en la abundancia de recursos personales”.
Lejos de indicar escasez, la caída de tales precios señala copiosidad. Esto ha ocurrido a la vez que la población mundial ha crecido un 85%. Tomando en cuenta esa población, los autores calculan que el planeta es 536,4% más abundante en recursos de lo que lo era en 1980.
Tupy y Pooley muestran que, por cada aumento de un punto porcentual en la población mundial, la abundancia de recursos globales crece por 6,3 puntos porcentuales. En otras palabras, cada persona adicional está “produciendo” mayores recursos.
De los 42 países que los autores estudiaron, ninguno experimentó menor abundancia que en 1980. En el Perú, la abundancia de recursos personales creció por 184%. Otros países vieron un crecimiento espectacular: China (3.847%), Corea del Sur (1.122%), Irlanda (927%).
Puede parecer contraintuitivo pensar que en la medida en que crece la población hay mayor abundancia. Pero la humanidad es creativa y constantemente innovadora. Cuando goza de cierto grado de libertad, es capaz de cooperar, inventar y descubrir soluciones a problemas nuevos y viejos, o simplemente ser más eficiente con lo que hay.
Es así que la productividad de cada hectárea de cultivo se ha multiplicado, que los autos viajan múltiples kilómetros más por cada galón de gasolina, que el iPhone ha reemplazado a numerosos aparatos (radios, cámaras, libros, etc.) y que en los países ricos el uso de decenas de bienes (madera, acero, papel, etc.) en términos absolutos ha estado en caída a la misma vez que crecen esas economías.
Ante la evidencia histórica, todavía hay quienes insisten en una visión pesimista y estática de la humanidad. En este Día de la Tierra, sería bueno que se recuerden las palabras del pionero del optimismo racional, Julian Simon: “El recurso más valioso son las personas […] que pondrán su voluntad y su imaginación al servicio de su propio bien y, de ese modo, inevitablemente nos beneficiarán también al resto de nosotros”.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












Deja una respuesta