¿Qué hubiera pasado si eran menos de 34, no más de 20, quizá 15, idealmente una decena de candidatos? Los hubiéramos repartido mejor en el debate y en nuestra memoria; para tocar nuestro corazón pulsando las venas del amor/odio. En lugar de seis tandas con rostros difíciles de retener; bastaban dos grupos de 5 caras reconocibles. Antes que un problema de fragmentación y representación; hemos padecido un problema de recordación; peor que eso, desafección por cantidad, desinterés por sobreoferta, ‘son muchos, me mareo, qué flojera’. Con menos, había más campaña que abrazar.
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En un par de días de debate, teníamos más minutos por cabeza, más interacción, más propuestas para quienes las reclaman, más puyas para quienes las festejamos sin pudor. La película tendría un sólido elenco protagónico, un all star cast; en lugar de un protagonismo coral inevitablemente desafinado y desigual. La cédula se podría doblar en 4 como servilleta, no en 8 como origami; saldríamos más rápido de la cabina secreta; las colas serían más rápidas y pequeñas. Quizá el horario de votación se mantenía hasta las 4 y no hasta las 5, para tener el flash electoral a la hora del susto acostumbrado. Como Dios manda.
“La cédula se podría doblar en 4 como servilleta, no en 8 como origami; saldríamos más rápido de la cabina secreta; las colas serían más rápidas y pequeñas”.
¿Qué hubiera pasado si Jorge Nieto salía una hora antes de su casa en el Sur? Hubiera llegado igual de apurado y estresado; pero se ahorraba el trance de su arribo en moto de la policía. Nos perdíamos esa imagen insólita, pero ganábamos otros momentos virales si, llegado a tiempo y sin roche, buscaba pendencia a Alfonso López Chau o a César Acuña cuando los tuvo al costado. Las izquierdas, desde el centro caleta al rojo profundo, se hubieran movido con otras intensidades y reflujos, quedando en distinto degradé.
Candidato Jorge Nieto en la sexta y última fecha del ciclo de debates del JNE (Foto: JNE)
¿Qué hubiera pasado si Rafael Belaunde Llosa no se daba una vuelta por sus terrenos de Cerro Azul el 2 de diciembre del año pasado? Se hubiera ahorrado el susto de su vida, tan traumático que no pudo servirle para erguirse como víctima y estandarte de la lucha contra el crimen. De no haber sufrido un atentado a balazos, hubiera impreso otro ritmo a su campaña, tomado otras decisiones, cometido otras tácticas que lo conducían con otro humor hacia el tramo final. Quizá no hubiera hecho un público homenaje en el debate a la gestión edil de Ricardo Belmont, que este correspondió con gentileza. En el escenario contrafáctico de un Belaúnde sin susto, se producen otros intercambios con el coro de rivales que provocan otro combo viral de emociones. El tablero se mueve de modo distinto al de aquel remoto domingo 5 de abril, hace una semana que parece un año, cuando se podía hablar de encuestas, pero hoy shhhhhh.
Jerí y ‘Barney’
¿Qué hubiera sido de nosotros si los candidatos seguían las leyes de la dramaturgia electoral y se prodigaban con similar intensidad y crescendo? Tendríamos otro tablero, otro orden, otros lamentos de lo injusta que es a veces la democracia del voto universal. La primera crudelísima ley es la de la progresión dramática: si te prodigas mucho al comienzo, o sea, si haces mucho roadshow de entrevistas y propuestas; no solo dejas poco para el final, sino que expones tus flancos débiles muy temprano. Hay candidatos que empezaron prodigándose mucho, en clave alta que no pudo sostenerse por siempre, convirtiendo su momento de clímax en anticlimax. Hay otros y otras que dosificaron sus apariciones, llegando con menos desgaste al tramo que demandaba sus mayores esfuerzos. No cabe hacer aquí y ahora ese análisis; pero dentro de unas horas, acabado el lapso de silencio electoral; háganlo ustedes mismos con quienes queden en el top 5, y comprueben si se cumplió o no la ley de progresión dramática en su versión electoral.
“Con Alfredo Barnechea hubiéramos tenido algunos virales de alcurnia antes, durante y después del debate, cual Fernando Olivera con más predicamento y no menos nervio”
¿Qué hubiera pasado si no censuraban a José Jerí? La caída de Jerí fue, en buena parte, efecto de campaña. Vista sí, tuvo un contra efecto en ella. Keiko Fujimori no hubiera abierto fuego contra Rafael López Aliaga, echándole en cara la posta de José María Balcázar. Keiko tuvo suerte en defender la estabilidad de Jerí; pero más suerte tuvo porque perdió la votación. Sino, hubiera tenido que cargar el peso de un muerto en vida. Acuña también perdía más si se quedaba Jerí; Somos Perú, más. Los candidatos de los nuevos partidos, con Jerí sobreviviendo en Palacio, podían redoblar la narrativa del ‘pacto mafioso’ achacándosela a los candidatos con bancada. Hasta López Aliaga se sumaba a ese relato desde su prisma celeste. Pero cayó Jerí y Balcázar calló hasta volverse neutro, desideologizado, electoralmente irrelevante, como corresponde.

José Jerí se mostró muy cómodo en su retorno al Congreso de la República. (Fotos: Hugo Pérez /@photo.gec)
¿Qué hubiera pasado si no excluían a Acción Popular? Este escenario tiene dos variantes. A: Si se reconocía ganador a Alfredo Barnechea ‘Barney’ como la presidenta del comité electoral acciopopulista registró ante la ONPE, hubiéramos tenido algunos virales de alcurnia antes, durante y después del debate, cual Fernando Olivera con más predicamento y no menos nervio; pero con resultados magros como los de un partido tradicional en tiempos de anti política. B: Si se le daba el triunfo a Julio Chávez, como pedían los otros dos miembros del comité electoral, el resultado también hubiera sido magro, pero con menos frases memorables. En resumen, perdía Alfredo pero ganábamos momentos de antología. Paremos de imaginar, nos toca volver a los factos.












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