¿El mal menor o el bien común?, por Alfredo Quesada

Ante las próximas elecciones nacionales, hay quienes han propuesto elegir el mal menor. ¿Pero esto es posible? En un sentido estricto, para Aristóteles esto sería un absurdo. Y para Platón también. De acuerdo a la ética clásica, la voluntad humana sólo puede optar por el bien. Cuando se inclina al mal, lo hace por la apariencia de bien del objeto deseado o por defecto de la voluntad. Porque la voluntad busca naturalmente lo apetecible. Si no hubiese un bien a apetecer, la voluntad quedaría inmóvil. Es una constatación de sentido común que quedó registrada en la clásica definición aristotélica: el bien es lo que se apetece.

Un ejemplo extremo y contraproducente: el suicida no busca el mal por el mal, no busca la muerte en sí, sino que su voluntad se mueve por el aparente bien que significa para él liberarse de su sufrimiento o su desgracia.  Otro ejemplo menos extremo y procedente: la extracción de una muela no es en sí misma un bien, es un mal, pero se permite que el dentista lo haga para mantener la salud integral, que es un bien superior al de mantener una pieza dental o al mal del dolor a tolerar en la extracción.

Pedir que se elija directamente el mal por el mal, aún cuando sea menor, es un contrasentido. No mueve a nadie a la acción. El mal se tolera, pero no se elige directamente. No debe sorprender, entonces, la inmovilidad de no pocos electores, expresada en el número de intenciones hacia el voto en blanco o viciado. Si, en cambio, se alentase a buscar lo que de bien pueda haber en aquello que, en un primer momento, parece totalmente malo, entonces no sólo la voluntad sino, sobre todo, la inteligencia se movería para desentrañar la mejor opción.

¿Es posible encontrar en los candidatos algo mínimamente bueno? Para muchos puede ser difícil. Pero tal vez la perspectiva cambia si se cotejan ambas propuestas en función de un horizonte mayor a éstas: el bien común del país. ¿Qué es el bien común? Aristóteles diría que es aquel apetecible por todos. Aquel que permite el bien mínimo de cada miembro de la comunidad y de ésta en su conjunto. En la actual coyuntura coincidiría con el desarrollo real, verificable e integral del país, más allá de las simpatías o antipatías que pueda generar cualquiera de los candidatos.

Poniendo el bien común en el horizonte se podría elegir a quien manifiesta más claramente algo de ese bien, pero también podría hacerse eligiendo en contra, es decir, evitando a quien se considera que obstaculizaría más ese bien común. Lo que haya de malo no se eligiría, aun cuando haya que preguntarse si se está dispuesto a tolerarlo. No se trata entonces de poner la mirada en el mal menor, sino de elegir una opción que, aun cuando pueda no ser totalmente buena, se elige positivamente porque se mira al bien mayor, al bien común, al desarrollo no utópico o demagógico, sino viable, real e integral del Perú.

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