Ser reconocidos mundialmente por nuestra gastronomía no puede ser el consuelo cuando más de 13,9 millones de peruanos sufren de inseguridad alimentaria en el Perú, según reportes de la FAO.
Ser reconocidos mundialmente por nuestra gastronomía no puede ser el consuelo cuando más de 13,9 millones de peruanos sufren de inseguridad alimentaria en el Perú, según reportes de la FAO.
A medida que se acercan las elecciones, en un contexto de fragmentación política con 36 candidatos presidenciales, la realidad es que la campaña está saturada de promesas rimbombantes sobre temas que generan un eco mediático, pero no se aborda con seriedad un problema que afecta a millones: el hambre. Los planes de gobierno carecen de una visión estructural y profunda para enfrentar la inseguridad alimentaria, con estrategias integrales que promuevan la producción sostenible y el acceso universal a alimentos nutritivos. Si bien algunos políticos mencionan la seguridad alimentaria, la realidad es que este tema nunca se convierte en un eje central de sus planes de gobierno. El resultado es una desconexión palpable entre las promesas electorales y las necesidades reales de la población.
Según Agenda 2026, más del 20% de la población peruana ha enfrentado inseguridad alimentaria severa en los últimos años. Es preocupante que, a pesar de la magnitud de esta crisis, se esté perdiendo una oportunidad histórica de invertir en la reducción de la inseguridad alimentaria, que podría generar beneficios económicos de entre el 2% y el 4% del PBI.
El hambre refleja la pobreza y la desigualdad. Es hora de que los candidatos dejen de lado las promesas vacías y asuman su responsabilidad con la alimentación del pueblo. Que este año la deuda electoral no sea con el hambre.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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