Por momentos siento que estoy reviviendo el 2021. Escucharme a mí misma dar la misma respuesta de hace cinco años –palabras más, palabras menos– sobre por qué sería peligroso que triunfe un proyecto político como el de Roberto Sánchez me deja una sensación un poco desconcertante de estar atrapados otra vez en el mismo escenario que llevó al país a la crisis de Pedro Castillo.
Sin embargo, al igual que ocurre con los ‘déjà vu’, esa sensación puede ser engañosa y, aunque ambos procesos electorales se parecen a simple vista, asumir que el desenlace será idéntico es un error.
La idea de que ya vimos esta película viene siendo promovida desde el antifujimorismo y sectores del autodenominado centro para convencer a los votantes indecisos de votar por Sánchez o de no respaldar a Fujimori. Buscan hacerles creer que Sánchez sería simplemente “otro Castillo” y que, al igual que él, gobernaría con una oposición parlamentaria que bloquearía sus propuestas más radicales.
El argumento es este: como Juntos por el Perú no tiene mayoría en el Senado, su proyecto político –que no es otra cosa que la bolivianización del Perú– no se podrá materializar y, frente a cualquier intento de ir contra el orden constitucional, terminaría siendo vacado, tal como ocurrió con Castillo. Es decir, buscan minimizar el peligro que representa diciéndole a la ciudadanía que no hay que preocuparse tanto porque, si las cosas salen mal, el Congreso lo saca.
Más allá de la enorme irresponsabilidad que implica pedirle a la ciudadanía que vote por un proyecto abiertamente autoritario bajo la lógica de que “después lo vacan”, el problema es que esa premisa no resiste mayor análisis.
Primero, es ingenuo pensar que quien reivindica el proyecto golpista de Castillo intentará actuar por la vía constitucional y democrática, y que simplemente desistirá de su objetivo de subvertir el orden constitucional apenas encuentre resistencia en el Parlamento.
Segundo, con la bicameralidad, una vacancia tendría que ser aprobada por mayoría calificada tanto en Diputados como en Senadores. Y, a diferencia del 2021, esa mayoría no la tienen las fuerzas opositoras al castillismo –como Fuerza Popular y Renovación Popular– en ninguna de las dos cámaras.
Incluso siendo optimistas y asumiendo que la bancada del Buen Gobierno y las fuerzas de centro apoyarán por completo una vacancia, no se alcanzan los votos necesarios.
Siempre me pregunté qué hubiera pasado si no se hubiese adelantado la sesión del pleno y no se hubiesen alcanzado los votos para vacar a Pedro Castillo tras anunciar el golpe. Tal vez, si gana Sánchez, tendremos otro déjà vu, pero con un desenlace distinto.












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