El desafío de confiar en un proceso más complejo, por Narda Carranza

El Perú se prepara para unos comicios cuyos resultados probablemente se disputen tanto o más que en el 2021. Esto va en línea con una tendencia regional: entre mayo del 2020 y abril del 2024, una de cada tres elecciones estuvo marcada por algún tipo de disputa, ya sea boicots, no reconocimiento de resultados o impugnaciones judiciales (Global State of Democracy, 2024). En este escenario de mayor conflictividad electoral, es razonable pensar que los errores o fallas de miembros de mesa pueden alimentar este problema, incluso cuando no haya ninguna intención o capacidad real de distorsionar los resultados. Por eso, el desempeño de quienes asuman ese rol preocupa más ahora, en un entorno donde la desconfianza encuentra terreno fértil.

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