El calvario para llegar a nuestra puerta con el mundo

En junio del año pasado se inauguró, con gran expectativa, el nuevo aeropuerto Jorge Chávez, y celebramos con justicia que Lima contara, por fin, con un terminal aéreo a la altura de sus aspiraciones. Ya entonces advertíamos, sin embargo, que la modernización de las pistas y las salas de embarque no bastaba por sí sola: faltaba resolver, además, las vías de acceso, el abastecimiento de combustible y el servicio de Migraciones. Trece meses después, el primero de esos pendientes sigue sin saldarse, y el costo lo pagan a diario miles de pasajeros atrapados en un tráfico que roza lo absurdo.

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