
Jair Bolsonaro se encuentra recluido en un cuarto apartado de una instalación policial de Brasilia, pero fuera de ella el ruido en torno a él continúa fuerte. La semana pasada se aprobó en la Cámara de Diputados un proyecto que le atenuaría la pena en medio de un debate caótico que llegó a los empujones y una gresca con la policía legislativa. Y el domingo 14 miles de brasileños marcharon por las calles de la capital y de otras ciudades como Sao Paulo, Río de Janeiro, Florianópolis o Salvador bajo lemas como “Aún estamos aquí para despertar al Congreso” o “Congreso, enemigo del pueblo”, en claro rechazo a la decisión de la cámara baja.













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