
Exactamente hace cinco años publiqué una columna titulada “La confianza está rota” (junio 2021). Empezaba describiendo el clima que se vivía en ese momento. Gente ansiosa por vender sus propiedades, hacer un anticipo de legitima, o retirar sus fondos de pensiones. Algunos atesoraron sus pasaportes y visas “por si acaso”.
Exactamente hace cinco años publiqué una columna titulada “La confianza está rota” (junio 2021). Empezaba describiendo el clima que se vivía en ese momento. Gente ansiosa por vender sus propiedades, hacer un anticipo de legitima, o retirar sus fondos de pensiones. Algunos atesoraron sus pasaportes y visas “por si acaso”.
Se respiraba miedo. Había poca disposición a creer eso de que “nadie puede quitarte lo que es tuyo”. Se daba más crédito a otra idea: “lo tuyo es tuyo, salvo que la autoridad de turno piense lo contrario”. No es descabellado pensar de esa forma en un país que ha vivido desde expropiaciones de tierras y empresas hasta controles de precios. Ver a políticos hablando de la necesidad de una “segunda reforma agraria” o proponiendo controles de precios cuando sube el precio del limón, refuerzan esos temores.
Ese miedo revela el fracaso de nuestro sistema legal para generar confianza. Confianza en que sus inversiones (grandes o pequeñas) serán respetadas sea quien sea el que gobierne. Ningún “candado” puesto en la Constitución o en una Ley (independencia del Banco Central, rol subsidiario, etc.) fue suficiente para dar tranquilidad. Todo puede ser desmontado con más o menos dificultad, pensaban algunos.
Ese no ha sido el clima en las últimas semanas. No por falta de una amenaza. El cambio de la Constitución y su capítulo económico ha sido “grito de guerra” de una de las propuestas. Se ha anunciado varias veces el despido de Julio Velarde del Banco Central. Incluso se propuso expropiar empresas privadas (Integratel, anteriormente conocida como Telefónica).
Pese a eso, no se ha respirado un ambiente similar; ni siquiera cuando la incertidumbre sobre el resultado era mayor. ¿Qué pasó? ¿De pronto retornó la confianza? ¿Nuestro sistema legal demostró en los últimos años la solidez necesaria para generar confianza en la gente?
Alguien con sarcasmo podría decir que el “dinero nervioso” salió del país hace cinco años. O podrían decir que esta vez la amenaza no era creíble (“será más de lo mismo”). Cualquiera fuera la explicación, la calma de estas semanas no implica un retorno de la confianza. Seguimos en el mismo punto. La plata no ha vuelto o sigue bajo el colchón. Sería interesante preguntar a los gerentes de las principales empresas del Perú dónde tienen sus ahorritos. No los de la empresa que manejan, sino los suyos. Intuyo la respuesta. No los culpo. Nadie invierte si teme que le quiten lo suyo. Y eso vale para el “dinero con alas” como para el “dinero sin alas” del bodeguero, microbusero o de los miles de sufridos emprendedores peruanos.
Estamos divididos. Ni siquiera tenemos la excusa del futbol para juntarnos. No confiamos en el otro y menos en el Estado. Nuestro sistema legal no nos blinda frente al riesgo de una expropiación en manos de un funcionario. Ni siquiera nos protege de los delincuentes. Si no hay confianza, no hay inversión. Eso vale tanto para empresas como personas. El nuevo gobierno necesita convencernos de que nadie nos quitará lo nuestro. ¡Ojalá lo logre!











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