De militares en política: desinformación y precisiones, por Juan Carlos Llosa Pazos | OPINION

Nos encontramos inmersos en el proceso electoral, y por ello no es extraño que haya quienes aprovechen la participación de miembros de las FFAA en retiro en política para buscar desacreditarnos por el mero hecho de ser quienes somos, a mucho orgullo. He leído y escuchado ideas peregrinas como que fue un error darles el voto a los militares y hacer que participen en política. Sobre ello hay que recordar que en el 2021 se eligió —ya sea con fraude o no, yo me inclino por lo primero— a un partidillo comunista y a un marxista de kindergarten como gobernante, a un chespirilo narrador de fábulas adefesieras.

Precisamente, los miembros de las FFAA en el Congreso han contribuido a frenar, estando en minoría, muchas iniciativas del desgobierno de los rojos que llegaron al poder y de la izquierda cosmopolita fuera del Parlamento que los apoyó y después huyó raudamente. De manera valiente y comprometida, los militares en retiro en el Congreso han conseguido importante legislación en favor de la seguridad nacional, tanto en el frente externo como en el interno, y para el personal militar, principalmente aquel perseguido por décadas por nuestra seudojusticia en procesos legales que pareciera se pretende prolongar hasta la centuria. Al menos muchos ya han sobrepasado los 40 años.

Por otra parte, sostener que no se debe permitir que los militares participen en política refleja ignorancia supina. Al pasar a la situación de retiro, el militar recobra todos los derechos ciudadanos que le fueron restringidos por la naturaleza de su servicio a la Patria. No puede ser de otra manera. Estos derechos recobrados consisten, por ejemplo, en elegir y ser elegido para desempeñarse como autoridad pública surgida del sistema electoral peruano. Decir lo contrario respecto al personal militar en retiro no solo es un despropósito, sino una mezquindad.

Los miembros de las Fuerzas Armadas que han participado en la política desde la aurora republicana han tenido muchas actuaciones notables y exitosas; otras, por el contrario, han sido nefastas. Mucho tienen que ver las personas, el momento y, por supuesto, el signo ideológico. Habrá quienes, en las sumas y restas, consideren exitosos los regímenes de gobernantes conservadores como el Mariscal Benavides o el General Odría; mientras que otros, como el del socialista General Velasco, lo consideren un desastre y causante de muchos de los problemas que hemos vivido en el Perú en los últimos 50 años. Razones a favor o en contra habrá muchas; todo depende del cristal por donde se le mire. Lo que no puede asegurarse, sin ser ahistórico, es que los militares no deben participar en política —estando en retiro, claro está—, ya que su aporte, como el de cualquier otro ciudadano, es valioso. En todo caso, será el elector quien decida con su voto si participan o no en el gobierno o en el Parlamento. Hasta hoy, la participación de las FFAA en la política nacional, asociada a los cimientos de nuestra cultura política, es importante y en muchos casos destacable. El pretender que eso no se dé va en contra del orden constitucional. Basta con recordar a una de las grandes figuras parlamentarias provenientes de las FFAA: don Miguel Grau Seminario, Gran Almirante del Perú e hijo más querido de la Patria, quien alcanzó mediante el sistema electoral de su época un escaño en la Cámara de Diputados en dos oportunidades.

Hay quienes vienen sosteniendo que los congresistas militares o aquellos que ejercen funciones en el Estado estando en retiro reciben doble sueldo, pese a que el Tribunal Constitucional ha sido bastante claro en diferenciar pensión de sueldo, lo cual es apoyado por constitucionalistas muy reconocidos, lo que marca la diferencia con los promotores de la desinformación. Lo que se aduce es que, al final, un militar en el Congreso le sale más caro al Estado. La lógica perversa es esta: «como el militar ya tiene pensión, no lo elijas, porque va a recibir otro sueldo y al final es más caro».

Falso. Ambos conceptos se seguirían pagando de todas formas. Pongamos un ejemplo: el comandante Juan recibe su pensión mientras compite por una curul con el doctor Luis. Gane quien gane, el desembolso del Estado será por esa curul. Si gana el doctor, el Estado le pagará el sueldo de congresista y seguirá pagando la pensión al comandante. Si fuese al contrario, igualmente habrá dos desembolsos, ni un sol más, porque el TC ha reconocido la diferencia entre un concepto y el otro. El argumento es de naturaleza despreciable: no votes por el militar para que no tenga dos ingresos. Esto pese a que esa situación no afectará el presupuesto público, puesto que ambos conceptos —pensión y escaño individuales— ya están considerados, independientemente de si accede al parlamento Juan en vez de Luis, o viceversa.

Pero como suele suceder en el Perú, para mucha gente que supuestamente es medianamente entendida, la razón no importa, los fundamentos claros no valen. Lo que vale es el desprecio, el odio (aunque no lo digan o lo nieguen, da lo mismo). Quienes reciben pensión lo hacen como compensación por lo que ya hicieron. Si son convocados nuevamente al Estado, ya no como militares en servicio activo, sino para ocupar otras funciones relacionadas con la defensa nacional o no, es lógico que vayan a recibir un salario por ese nuevo servicio que realizarán. Se ha argumentado que en otros casos de servidores públicos no es así. No estoy seguro de ello, pero si así fuese, es una situación injusta que también debe ser corregida. No por el hecho de que en algunos regímenes previsionales se suspenda el pago cuando la persona vuelve a ocupar un cargo público, se tenga que hacer lo mismo con los miembros de las FFAA; lo que hay que corregir es lo otro. Está más que claro el despropósito de algunos pocos; lo que toca, como hacemos, es desmentir su planteamiento falso y ruin.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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