Anuario iSanidad 2025
Ana Zubeldia, directora general y Head de Oncología de Daiichi Sankyo en España
A veces, la ciencia avanza de forma silenciosa y otras lo hace con una fuerza que cambia todo a su paso. Eso es lo que ha ocurrido en oncología durante la primera mitad de esta década.
La inmunoterapia se ha vuelto más potente, extendiendo su beneficio a más tumores y líneas de tratamiento; las terapias celulares, incluidas las CAR-T, han ampliado su alcance y empiezan a ofrecer alternativas reales en enfermedades con un pronóstico limitado; las terapias dirigidas, como los anticuerpos conjugados o ADCs, han dado un salto cualitativo extraordinario, generando un impacto clínico sin precedentes en la oncología moderna; y la detección temprana mediante biopsias líquidas está demostrando un potencial enorme para transformar los tiempos del diagnóstico.


Este progreso científico se está dando en un momento en el que la necesidad sigue aumentando. Las últimas estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan) anticipan 301.884 nuevos diagnósticos de cáncer en España 2026, un 2% más que el año anterior, manteniendo una tendencia al alza que seguirá consolidándose, ya que se estiman 350.000 nuevos casos solo en España en 2050. Esta realidad no hace sino evidenciar la urgencia de que la innovación se siga incrementando y de que llegue a tiempo.


Lo cierto es que la investigación está avanzando a pasos agigantados. El pasado 2025, en España batimos nuestro propio récord de investigación: se autorizaron 962 ensayos clínicos y se iniciaron 849, frente a los 732 de Francia, 711 de Alemania y 593 de Italia. Además, oncología acapara cerca de 4 de cada 10 ensayos, la mayor proporción de todo el continente. Y es que los números del cáncer exigen una respuesta estratégica.
La intensidad científica en investigación es el resultado de un esfuerzo global sostenido que combina talento, inversión y colaboración
Esta intensidad científica es el resultado de un esfuerzo global sostenido que combina talento, inversión y colaboración. Y España destaca por haber creado un ecosistema único impulsado por una combinación de infraestructura, conocimiento y compromiso social que debemos proteger.
Tenemos una red hospitalaria consolidada; profesionales sanitarios de referencia internacional; una estrecha colaboración entre hospitales, universidades, centros de investigación e industria farmacéutica; pacientes que destacan por su cultura de participación y casi 113.000 profesionales de la industria farmacéutica volcados en posicionar a nuestro país para atraer la investigación, conscientes de la importancia que tienen los ensayos para nuestros clínicos y pacientes.
En el caso de Daiichi Sankyo, España ocupa el primer puesto en ensayos clínicos en Europa y el tercero a nivel mundial —tras Estados Unidos y Japón—, con 45 ensayos clínicos en oncología; el cuarto en ensayos clínicos fase 1; somos el quinto por número de pacientes en ensayos clínicos (tras Japón, EE. UU., China y Corea del Sur), con cerca de 900 personas; y tenemos en torno a 450 contratos con centros de investigación en España.
Son cifras de las que nos sentimos muy orgullosos, porque muestran mucho más que un gran trabajo: muestran un compromiso real con las personas con cáncer que perdura a lo largo de los años.
En 2026, mientras seguimos profundizando en la biología del cáncer, mientras seguimos impulsando la investigación, debemos afrontar también el reto de la consolidación de toda la innovación para aprender a aplicarla de forma más precisa, a anticipar la evolución de cada tumor y adaptar mejor las estrategias a cada paciente. Y esto exige una nueva manera de mirar el futuro más integradora, más basada en evidencia y más orientada al valor real para los pacientes.
En 2026, debemos afrontar también el reto de la consolidación de toda la innovación para aprender a aplicarla de forma más precisa
Porque si bien los avances de los últimos años han demostrado que la ciencia puede abrir puertas extraordinarias, el impacto depende de nuestra capacidad de transformar la complejidad en decisiones claras, sostenibles y tangibles en la práctica clínica diaria.
Lo que está pasando en oncología no es solo un ciclo de innovación, es una transformación estructural de cómo se investiga, cómo se decide y cómo se actúa. Cada avance forma parte de un movimiento mayor: el de una ciencia que entiende que su misión no termina en el laboratorio, sino en el momento en que una persona recibe una opción terapéutica que antes no existía.
Estamos dibujando un horizonte en el que hay una oncología aún más precisa, más inteligente y más conectada con las personas; que no solo descubre, sino que aprende, escucha, adapta y avanza con la mirada puesta en lo esencial: transformar la vida de quienes conviven con el cáncer.








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