Cómo las ZEEP transformarán las exportaciones peruanas, por Teresa Mera Gómez | zonas económicas especiales privadas

El Perú ha marcado un antes y un después en su estrategia de desarrollo productivo. La puesta en marcha del nuevo modelo de zonas económicas especiales privadas (ZEEP) no es una herramienta más en la política económica y comercial, sino que es un paso clave en lo que queremos para el país en los próximos años. En un contexto global más competitivo, necesitamos reglas modernas, inversión y visión de largo plazo.

Las ZEEP son una apuesta largamente trabajada, concebida hace más de cuatro años por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, ente rector en esta materia. Se identificó la necesidad de contar con un marco normativo que habilite la creación de zonas económicas especiales bajo criterios técnicos y no políticos. Es decir, zonas que puedan cumplir el objetivo por el que fueron creadas, con una ubicación geográfica estratégica, condiciones logísticas, servicios básicos y un potencial de oferta exportable.

El diseño de este modelo no partió de cero. Se nutrió de experiencias internacionales exitosas, escuchando a expertos en la materia y realizando visitas técnicas a países como Uruguay, donde alrededor del 30% de las exportaciones provienen de zonas francas, y generan más de 16.000 empleos directos. Asimismo, se analizaron casos exitosos en América Latina, como Costa Rica y República Dominicana, donde estos esquemas han permitido dinamizar economías locales.

En esta lógica, el modelo peruano apuesta por la participación del sector privado como motor del desarrollo de estas zonas, asegurando así eficiencia en su gestión y articulación con las demandas del comercio global. De hecho, desde su concepción, el privado ha mostrado interés en este modelo.

Las ZEEP representan una oportunidad concreta para que nuestro país pase a exportar productos con mayor valor agregado, concentrando esfuerzos en sectores estratégicos, impulsando la innovación, la transferencia de tecnología y generando ecosistemas productivos que integren a nuestras mypes con la gran industria. Con ello, aseguramos mayor empleo de calidad y desarrollo de capacidades.

Sin embargo, el reto no termina en la aprobación de la norma. El siguiente paso es posicionar activamente este modelo en el escenario internacional, promoviendo al país como un destino atractivo para la inversión. Si logramos consolidar este esfuerzo, en los próximos años podríamos ser testigos de una transformación significativa en nuestra estructura productiva. El Perú puede atraer grandes industrias de producción o ensamblaje de tecnología que utilicen los beneficios de nuestra red de acuerdos comerciales para ingresar a los mercados internacionales con precios competitivos.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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