El miércoles, y pocas horas después de que se anunciara su presencia, el Zócalo de la Ciudad de México recibió a más de 50 mil personas que se congregaron para ver por pocos minutos a los integrantes de BTS, el grupo surcoreano más famoso del mundo. La presidenta Claudia Sheinbaum los recibió en el Palacio Nacional, conversó con ellos durante varios minutos e incluso los comprometió a regresar a México el próximo año.
El miércoles, y pocas horas después de que se anunciara su presencia, el Zócalo de la Ciudad de México recibió a más de 50 mil personas que se congregaron para ver por pocos minutos a los integrantes de BTS, el grupo surcoreano más famoso del mundo. La presidenta Claudia Sheinbaum los recibió en el Palacio Nacional, conversó con ellos durante varios minutos e incluso los comprometió a regresar a México el próximo año.
La visita de los siete integrantes, en plena gira tras cuatro años, no obstante, dejó algunos cuestionamientos sobre la utilización política del Gobierno de México al aprovechar la fama y el arrastre popular del grupo.
Si bien Sheinbaum tiene una aprobación envidiable para el estándar latinoamericano, sus números han ido bajando paulatinamente. Algunas encuestadoras le dan el 51%, otras el 68%, pero la tendencia general es un descenso del apoyo desde que llegó al cargo en el 2024, sobre todo por críticas a la lucha contra la corrupción, el narcotráfico y el desempeño económico del país que se ha visto afectado por las decisiones de su principal socio comercial, Estados Unidos.
Algunos han criticado que haya abierto las puertas de la sede del gobierno al grupo surcoreano, mientras se niega a recibir a las ‘madres buscadoras’, el colectivo de mujeres que busca a sus hijos y familiares desaparecidos por el crimen organizado. O que esté pasando por agua tibia las acusaciones del Departamento de Justicia de EE.UU. contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya (actualmente de licencia), por presuntos vínculos con el narcotráfico, un caso complejo que oscila entre la intromisión estadounidense y denuncias serias que no pueden taparse bajo la alfombra.
Pero acá no se trata de un simple aprovechamiento, sino de marketing y diplomacia. En enero pasado, Sheinbaum envió una carta a su homólogo surcoreano para que intercediera ante Hybe, la empresa de BTS, sobre la posibilidad de tener una fecha más de conciertos, una decisión inusitada e increíble, pero que sirvió para que ambos lados analizaran la conveniencia de un encuentro.
Lo que no estaba en el libreto es que la convocatoria, anunciada con poca antelación, haya sido tan masiva que superó las expectativas de los artistas. La visita significó para Sheinbaum un viento fresco para su gobierno y una manera estratégica de enseñar otra cara de México al mundo, mientras que para BTS fue demostrar la magnitud de su impacto global y el fenómeno sociocultural que han consolidado. Y el fandom –tan masivo como transversal e intergeneracional– puso en claro que una cosa es la música y otra taparse los ojos ante la realidad de su propio Estado.












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