Eróstrato incendió el templo de Artemisa para que su nombre no fuera olvidado. Después de la primera vuelta, ha habido muchos incendiarios como Eróstrato que solo han atizado las llamas de un proceso electoral herido, no para encontrar un camino de salida, sino porque solo les interesaba ver a Troya arder. Porque si bien hubo irregularidades en el proceso que podían afectar a algunos candidatos, jamás se puede jugar al pirómano en un país de pampa seca como el Perú. Siempre hay otros caminos que se pueden recorrer por amor al país; si lo amas, claro.
Si durante las horas posteriores al proceso, el celular te bullía en conspiraciones redactadas puerilmente por IA y tus redes sociales te pedían entregarte a los cánticos de sirena, siempre pudiste resistir. Y si quieres escuchar el llamado de tu tribu, ya sea por conciencia de clase o por duda razonable, recuerda lo que hizo Ulises, quien quiso escuchar a las sirenas, pero no sucumbir irrazonablemente a su llamado, y por eso ordenó que lo ataran en un mástil.
Había razones para la molestia. La ONPE cometió irregularidades en varios distritos de Lima que deberán ser investigadas y sancionadas dentro del marco de la ley. Rafael López Aliaga (RLA) puede estar fastidiado. Pero tener derecho al fastidio no es tener derecho al disparate. RLA tenía una ventaja considerable en Lima y la fue dilapidando entre insultos y exabruptos.
Ni siquiera Keiko Fujimori, que le había tendido la mano, se salvó de sus ataques. Si hubiese tenido un comando de campaña más serio y una lectura menos narcisista de la jornada electoral, hacia el mediodía y viendo sus números proyectados, habría llamado con fervor a que todos sus seguidores salieran a las urnas, que nadie se quedara en casa, que los márgenes serían estrechos. No lo hizo. Prefirió la épica del agravio a la humildad franciscana de la aritmética.
Se puede sostener que Datum habría subrepresentado el voto rural, mientras que Ipsos, NDI y Transparencia estuvieron más cerca del resultado final. Lo que no se puede sostener es que Datum “acertó” porque dijo, por unas horas, lo que algunos periodistas de la farándula querían escuchar, y que Ipsos estaría metida en una conspiración para sabotear los resultados. Nadie en sus cabales se imagina a Alfredo Torres extasiado por el crecimiento de Roberto Sánchez. Nadie.
Se puede sostener que la ONPE dilapidó su reputación y también que aún no hay pruebas de un fraude sistemático para perjudicar a un candidato. Se puede sostener que Datum leyó peor a una parte del país y que Ipsos se acercó mejor a la foto final. Se puede sostener que RLA tenía motivos para estar molesto y también que fue reo de sus delirios. El matiz es sensatez, no es cobardía. Entre una política que vive de las llamas y otra que se entrega al cántico de las sirenas, el Perú necesita, más que nunca, ciudadanos que aprendan a atarse al mástil.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.











Deja una respuesta