Javier Valle Riestra, recordado constitucionalista y congresista del Apra, solía decir que –entre los poderes del Estado– el Congreso era primus inter pares o el que llevaba el liderazgo en una relación entre instituciones de peso similar. Esta sutileza en el equilibrio entre poderes estuvo en entredicho en los últimos años, con un Congreso ostensiblemente por encima de un Ejecutivo disminuido y apocado.
Javier Valle Riestra, recordado constitucionalista y congresista del Apra, solía decir que –entre los poderes del Estado– el Congreso era primus inter pares o el que llevaba el liderazgo en una relación entre instituciones de peso similar. Esta sutileza en el equilibrio entre poderes estuvo en entredicho en los últimos años, con un Congreso ostensiblemente por encima de un Ejecutivo disminuido y apocado.
La primacía legislativa no necesariamente se repetirá en el quinquenio que empieza, pero la correlación de fuerzas recién empieza a asentarse. El primer campanazo sucedió ayer, cuando ambas cámaras parlamentarias seleccionaron a sus respectivas mesas directivas. Del lado del Senado, ganó la lista liderada por Miguel Torres, de Fuerza Popular. Lo acompañan en la dirección del período 2026-2027 legisladores de su propio partido y de Renovación Popular. La lista oficialista ganó por el mínimo margen gracias a un voto viciado de algún miembro de la oposición.
De parte de la Cámara de Diputados, como era previsible, fue la alianza de Juntos por el Perú (JP), Partido del Buen Gobierno (PBG), Ahora Nación y Obras la que se llevó la Mesa Directiva. Óscar Reto, parlamentario de PBG, presidirá el grupo, en compañía de diputados de las otras tres bancadas de la coalición de izquierda. El partido de Jorge Nieto, que dijo posicionarse al centro del espectro político en campaña, votó ayer siempre con la izquierda y terminó de inclinar la balanza a favor de JP en Diputados.
Para el gobierno de Keiko Fujimori, que se estrena mañana, la Cámara de Diputados será un espacio político complicado. Esta entidad tiene, entre otras prerrogativas, la posibilidad de interpelar y censurar a los ministros de Estado, la capacidad de iniciar y aprobar proyectos de ley para ser enviados a la Cámara de Senadores, y la opción de conformar comisiones investigadoras sobre cualquier asunto público. Usadas responsablemente, estas facultades pueden ayudar a una mejor gobernanza y control político del Estado. Sin embargo, si se utilizan para fines populistas o de obstrucción activa del gobierno, los años que vienen serán muy difíciles para la gobernabilidad.
El Congreso tiene una nueva oportunidad de construir una mejor imagen ante la ciudadanía luego de la debacle reputacional del Legislativo anterior. El lamentable episodio del bloqueo del ingreso a periodistas para la elección de la Mesa Directiva en Senadores no fue un buen inicio, pero queda tiempo para volver a ganar el favor de la gente. La estabilidad política del país dependerá, en buena medida, del comportamiento responsable de quienes han sido elegidos ayer para liderar ambas cámaras. A fin de cuentas, un Congreso dividido no debería significar un país dividido.











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