En febrero de este año se publicó en España un libro en el que diversos pensadores, bajo la coordinación del profesor Armando Zerolo, analizan la crisis de identidad que la derecha atraviesa.
Aquí haremos una suerte de resumen de algunas partes interesantes del libro, que si bien se centran en lo que ocurre en España, bien podrían haber sido escritas en referencia a la realidad peruana, y aplicables tanto a los movimientos políticos de derecha como de izquierda.
Su título es “La derecha desnortada”, haciendo notar que en muchos sectores ya no se reconoce ni la moderación ni los principios, habiéndose producido la erosión del discurso moderado que deriva en populista y autoritario.
Como se indica en la obra, detectar una tendencia es difícil, sumarse a ella es muy fácil, y resistirse es casi imposible. Hoy, en lugar de despreciar el populismo, se le escucha con atención y, en caso de que se sospeche que tiene rendimiento electoral, se copia literalmente. Se dejan contagiar por posiciones populistas sin entender siquiera por qué funcionan electoralmente ni por qué son esencialmente injustas, pero las copian porque presuponen una inteligencia donde no la hay. Les parece sabio y sofisticado prestar atención a la queja de los populismos, porque “algo de razón tendrán”, “por algo será”, aunque no sepan exactamente por qué, reflexiona Zerolo.
Además, hace notar que hoy es frecuente encontrar un vicio típico que rinde culto a la eficiencia y lo fía todo al poder de decisión personal y, por ello, desconfía de las instituciones y los procedimientos reglados (algo que penosamente es tan típico en nuestra realidad).
En ese sentido, como indica, es poco probable que una regeneración democrática pueda venir de quien no se reconoce dentro del sistema, sino que se postula como una solución para revertirlo. Haciendo historia, recordemos que esa fue la fórmula que, siguiendo a Vilfredo Pareto, adoptó el fascismo italiano para canalizar el resentimiento cultural, el sueño de una Italia más grande y la promesa de un progreso acelerado.
Muchas veces, como lo hemos podido comprobar nosotros en nuestro reciente tiempo, la razón cede ante las emociones y las pasiones vencen a los argumentos. Hay quienes pareciera que, allá y acá, se niegan a aceptar el constitucionalismo democrático y, si por ellos fuera, preferirían instalar un régimen dictatorial o absolutista. Esos están desnortados y siempre han estado ideológicamente perdidos.
Ahora bien, como acertadamente lo describe José F. Peláez, en uno de los ensayos del libro, no hay una derecha, sino varias (tantas como izquierdas existen, añado yo). Van al mismo restaurante, pero no se sientan en la misma mesa. A veces se cruzan, comparten enemigos y se citan en titulares, pero no creen lo mismo, no desean lo mismo y, a menudo, se desprecian entre ellas.
Como bien apunta, el reto no es unirlas todas sino que, al menos, se reconozcan, se escuchen y se respeten. No podemos seguir presenciando que el único factor compartido por la derecha es el rechazo a la izquierda, y que por parte de la izquierda sea el No a Keiko.
Hoy la decisión que está en juego es la permanencia del sistema democrático.
La verdadera fuerza de una derecha democrática está en su capacidad de ofrecer alternativas dentro del mismo marco constitucional y que no vea a las instituciones como instrumentos del poder, sino como límites a este.












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