Es el 28 de julio de 2026. Un mes y días antes, Roberto Sánchez había ganado las elecciones presidenciales por un puñado de votos. La candidata Keiko Fujimori había perdido su cuarto partido, reconoció su derrota y, en honor a la democracia, felicitó al candidato del sombrero mediante una llamada telefónica. Sánchez, ese día 28 de julio se prestó a dar su primer mensaje a la nación en un congreso que, ese día, agrupó a las dos cámaras, ambas de mayoría opositora, congresistas y senadores, quienes lo aplaudieron por cortesía y protocolo republicano. Hay incertidumbre por lo que dirá el nuevo presidente que subió a prestar juramento con el sombrero que lo imitó en el nuevo Castillo.
Sánchez anunció que presentaría una ley para la convocatoria a una Asamblea constituyente para la redacción de una nueva constitución, mientras los diputados y senadores opositores rechazaban y, entre gritos y rechiflas, fustigaban al nuevo presidente por semejante propuesta. Pero Sánchez avanzó y prometió además una serie de medidas inmediatas para “democratizar” el crecimiento económico “hacia los más pobres”; anunció allí la inmediata subida del sueldo mínimo a S/1,500, el aumento a S/300 soles a todo beneficiario de Pensión 65 que ahora cobraba S/175 mensuales, la creación de dos nuevos programas sociales, un Banco agrario hiperpotente y un Banco minero “que compre el oro Reinfo a los mineros del pueblo”, dijo. Como colofón – para continuar con las novedades, firmó un decreto en el que indultó a Pedro Castillo, expresidente rebelde y golpista, aunque todavía no tuviera sentencia firme en otra instancia. Justo antes de irse, Sánchez añadió que impulsaría de manera inmediata y urgente (mientras dure la convocatoria a la asamblea) un proyecto de ley para cambiar el régimen de las concesiones a la gran minería y aseguró que habría, de todas maneras, una reforma agraria en su gobierno.
Los anuncios no solo provocaron el rechazo de la oposición, sino también la sorpresa en varios otros sectores, sobre todo del centro-izquierda. Un grupo de diputados y senadores del Buen Gobierno, mudos y absortos, solo atinaron a disentir pero sin ofuscarse porque sabían que estaban frente al inicio de la guerra política. Asimismo, algunos de los “garantes” del sector al que denominan “caviar” se sintieron engañados porque les prometieron que no habría revolución sino reforma; y otros -también “caviares”- sabían que, llegado el día de la victoria electoral, Sánchez habría de desdecirse de todo lo que prometió en la campaña de segunda vuelta. Pedro Francke, que había prometido larga vida a las “inversiones privadas”, se redujo en su propia vergüenza. Sánchez también había calculado que, debido a la suma de propuestas presentadas, Julio Velarde, el hasta ahora factótum de la economía peruana, presentaría su renuncia y con esto se libraría de la responsabilidad de haberlo sacado.
Sánchez es ahora el presidente. Había planeado junto a Antauro parte de la puesta teatral con genuino corte dramático ese 28 de julio de 2026. Sabía también que todo lo dicho en su mensaje había sido para evitar que Antauro (o cualquier otro) lo acusara de traidor y su sector más radical encontrara en este Humala el “verdadero” líder. Pero también Sánchez había calculado que no tendría otra oportunidad que esta para cumplir lo que prometió. Pensó en Ollanta, también en el propio Castillo, y no quiso ser “el héroe reflejado en los espejos cóncavos del esperpento” como diría Valle Inclán. Por ende, “tira pa, lante». Pero Sánchez, astuto, había jugado sus propias cartas. Sigue la vieja máxima leninista y no le había dicho todo a Antauro o a sus socios, los del sector caviar. Cada quien sabía lo que tenía que saber. El huaralino había convocado a una gran movilización de mineros informales que no pretendían -ni por activa ni por pasiva- formalizarse y había pedido también a la dirigencia de la Confederación Agraria y la Confederación Campesina que hicieran una bajada a bases para una marcha hacia Lima a exigir una nueva constitución y las dos reformas -agraria y minera- sustanciales para la democracia popular. Este 28 de julio de 2026, había empezado un nuevo capítulo del ciclo anárquico y de la crisis política.













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