Aunque está preso y condenado, Pedro Castillo empieza a convertirse en el eje central de la campaña de segunda vuelta. Roberto Sánchez, el exministro que tomó su sombrero, ya está en el balotaje y se enfrentará a Keiko Fujimori en una contienda que será breve, pero de alta intensidad.
Aunque está preso y condenado, Pedro Castillo empieza a convertirse en el eje central de la campaña de segunda vuelta. Roberto Sánchez, el exministro que tomó su sombrero, ya está en el balotaje y se enfrentará a Keiko Fujimori en una contienda que será breve, pero de alta intensidad.
A pesar de su escaso carisma y de su trayectoria política turbia, Sánchez ha logrado capitalizar adhesiones de sectores diversos. El principal es el núcleo de familiares y excolaboradores de Castillo, que fueron incorporados en sus listas parlamentarias. Otro aliado importante, aunque intenten negar su cercanía y minimizar su rol, es Antauro Humala. A estos se suma un sector que se camufló con fachada centrista en primera vuelta, pero que ahora no duda en mostrar su auténtico rostro.
Quien pareciera tener ganas de incorporarse a la coalición es el presidente José María Balcázar. Esta semana, el mandatario reabrió una puerta que ya parecía definitivamente cerrada: la posibilidad de indultar a Castillo. “Eso depende de lo que presente en su solicitud correspondiente”, dijo a los periodistas que le preguntaron sobre el tema.
Días antes, el Ministerio de Justicia indicó que la solicitud de indulto del golpista fue declarada inadmisible. Lo que omitió mencionar es que, de manera paralela, existe un pedido de derecho de gracia –que de ser otorgado permitiría la salida de Castillo de prisión–, que aún puede ser subsanado por el solicitante. Una verdad incompleta, en pleno contexto electoral, solo sirve para alimentar las suspicacias.
A Balcázar no le faltan ganas de sacar de prisión a Castillo. Pero hacerlo –o incluso alimentar públicamente esa expectativa– en medio de una campaña constituye una intervención directa en el escenario electoral y sería una brutal patada a la neutralidad. El simple hecho de deslizar esa posibilidad ya trasluce la intención de inclinar la balanza a favor de uno de los contendientes, algo que no le importa mucho disimular al impredecible presidente que el Congreso eligió.
Un operador electoral actuando desde Palacio de Gobierno sería el cierre nefasto de un proceso electoral cargado de cuestionamientos.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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