El Perú no solo atraviesa una crisis política, los electores enfrentan una inexplicable insuficiencia de criterio y no estoy hablando de preferencias ideológicas. Se ha vuelto normal elegir sin analizar. Creer sin cuestionar. Repetir consignas sin cuestionarnos. En cada proceso electoral vemos cómo el debate público termina atrapado entre emociones, polarización y frases efectistas, mientras que las preguntas de fondo desaparecen. Este lapsus de ligereza ya nos pasó factura varias veces.
Las consecuencias están a la vista: inestabilidad de agentes económicos, pérdida de confianza, debilitamiento institucional y una ciudadanía cada vez más frustrada. Según el Latinobarómetro 2024, el Perú es uno de los países con menor satisfacción democrática en la región, pero la democracia no se deteriora únicamente por culpa de los políticos, también se debilita cuando los ciudadanos nos sumergimos en sentir y dejamos de exigir. Por eso, frente a esta segunda vuelta electoral, no basta con escuchar propuestas, hay que ponerlas a prueba.
En la última edición de CADE Universitario 2026, les propuse ese propósito a los más de 700 jóvenes que participaron: que no se enfoquen solo en lo que promete cada candidato, sino en cómo piensa hacerlo. Que cuestionen si tiene sustento técnico, si existe viabilidad financiera, si fortalece o debilita las instituciones, si genera estabilidad o incertidumbre, si promueve crecimiento sostenible o pone en riesgo lo avanzado.
Esas preguntas importan porque lo que está en juego no es únicamente un plan de gobierno, es la estabilidad y el avance del país. En los últimos años, el Perú ha demostrado que puede resistir políticamente gracias a ciertos pilares que debemos preservar, como el crecimiento económico, la predictibilidad de las instituciones, la lucha contra la corrupción y la meritocracia. Gracias a ello, el país ha logrado controlar la inflación y evitar crisis monetarias como las que hoy golpean a otras economías de la región. Cuestionar irresponsablemente esos pilares no es una señal de cambio; es una señal de retroceso.
Del mismo modo, el país necesita reglas claras, equilibrio jurídico y confianza para atraer inversión. Sin inversión no hay crecimiento. Y sin crecimiento no hay empleo ni reducción de pobreza ni oportunidades para jóvenes y poblaciones vulnerables.
Crecer no basta si ese crecimiento no alcanza el nivel para mejorar la vida de las personas. El desarrollo tiene que sentirse en la educación, en la salud, en la seguridad y en el bienestar real que recibe cada ciudadano. Ahí está el gran desafío del próximo gobierno: combinar estabilidad con capacidad técnica de ejecución. Mantener reglas claras, pero al mismo tiempo construir un Estado que responda, que deje de improvisar y que sea capaz de resolver problemas. En ese escenario, los jóvenes tienen un rol decisivo.
Casi siete millones de jóvenes forman parte del padrón electoral, eso significa que esta elección también será definida por una generación que exige más transparencia, más coherencia y más resultados. Desde IPAE Acción Empresarial, a través de CADE Universitario, queremos impulsar justamente eso: jóvenes que no se conformen con titulares ni discursos fáciles; que cuestionen, contrasten y exijan compromisos reales. Porque una democracia sólida no se construye únicamente desde el poder, se construye desde ciudadanos informados, reflexivos y exigentes.
Hoy el Perú necesita menos consignas y más evidencia. Menos promesas imposibles y más responsabilidad. Menos cálculo político y más visión de largo plazo.
Aunque suene utópico, el voto no debe ser un acto de resignación ni de impulso emocional, debe ser una decisión consciente sobre el país que queremos construir. La democracia no se pierde de golpe. Se debilita cuando dejamos de cuestionar, cuando dejamos de exigir y cuando renunciamos a pensar críticamente. Y ese es un riesgo que el Perú ya no puede permitirse.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.













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