La semana pasada comentaba que los resultados de las elecciones pasadas evocan los del 2021 o los del 2016; el riesgo es que repitamos los errores y la dinámica destructiva que hemos padecido desde esos años.
La semana pasada comentaba que los resultados de las elecciones pasadas evocan los del 2021 o los del 2016; el riesgo es que repitamos los errores y la dinámica destructiva que hemos padecido desde esos años.
Parte de la dinámica destructiva: el populismo penal, como el expresado en la injustificada persecución contra Piero Corvetto, que responde abiertamente a presiones políticas sobre un organismo que casi por definición debe ser autónomo, en pleno proceso electoral. Por supuesto que caben todo tipo de investigaciones y eventuales sanciones sobre los graves errores cometidos en la organización electoral, pero otra cosa son discursos irresponsables que hablan de fraude sin ninguna evidencia, o evidencia abiertamente falsa, o que denuncian conspiraciones sobre la base de teorías sin fundamento alguno, para cuestionar desde ya a la autoridad que emergerá de las urnas. Este tipo de actitudes es la que ha creado la figura de Pedro Castillo como referente político sin que este haya hecho prácticamente nada para merecerlo. Es hechura casi íntegra de sus adversarios.
No repetir la historia implica estar dispuestos a cambiar, para lo que es necesario reducir los niveles de confrontación, y concentrarse en atender las demandas más urgentes de la ciudadanía.
¿Hemos aprendido? ¿Qué lecciones ha sacado Keiko Fujimori de sus tres derrotas electorales previas? ¿De cómo se comportó su bancada congresal entre los períodos 2016-2019, 2020-2021 y en el desprestigiado Congreso 2021-2026? ¿Qué podría hacer no solo para ganar la segunda vuelta del 7 de junio, sino para poder encabezar un gobierno mínimamente viable desde el 28 de julio? ¿Cómo logrará representar al conjunto del país, considerando que obtuvo el primer lugar con el 14% de los votos emitidos (con esa votación habría quedado en cuarto lugar en el 2001, 2006, 2011 y 2016)? ¿Quién es hoy Keiko Fujimori? ¿Simplemente la heredera política de su padre (quien gobernó hace más de 25 años y cuyas recetas son ya anacrónicas) o impondrá una nueva identidad? El fujimorismo político es hoy una amalgama contradictoria que se articuló con la agonía y muerte de Alberto Fujimori, y que se unió para la campaña de este año, que actuó muy oportunista y reactivamente en el Congreso que se va, pero sin una proyección clara de mediano plazo. Y para gobernar eso es necesario.
¿Qué decir de Roberto Sánchez, quien muy probablemente no esperó encontrarse donde está ahora al momento de inscribir su candidatura? Sánchez ha sido parte de diversos colectivos de izquierda en el pasado, no entre los más radicales, como el Partido Humanista o la alianza con el Nuevo Perú de Verónika Mendoza; pasó por el Poder Ejecutivo en la ineficiente y precaria gestión del presidente Castillo, y luego formó ocasionalmente parte de la inesperada mayoría que gobernó el desprestigiado Congreso desde el 2022. A pesar de ello, para estas elecciones buscó primero respaldar la candidatura de Antauro Humala, para finalmente asumirla personalmente, pero reivindicando la imagen de Pedro Castillo. Su estrategia funcionó para construir un partido articulando diferentes núcleos de izquierda desperdigados en medio de la competencia con Venceremos y Perú Libre, pero ganar una elección nacional y luego gobernar el país es algo cualitativamente diferente. Además, empieza con un respaldo menor que el que concitó Castillo en el 2021. ¿Qué lecciones ha sacado Sánchez de los errores del gobierno del que fue parte?
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.











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