La transparencia y la responsabilidad deben primar durante el trabajo de los JEE y el JNE.

La tradición le atribuye a Napoleón la frase: “Estoy apurado, vísteme despacio”, supuestamente dirigida a uno de sus ujieres que, nervioso por la inminencia de alguna batalla, cometía errores al acomodarle las charreteras. No hay evidencia de que el episodio haya ocurrido, pero la frase ha perdurado por la sabiduría que encierra: el apuro suele ser mal consejero. La prisa conduce con frecuencia al desorden y a decisiones equivocadas; dejarse arrastrar por ella es, muchas veces, la antesala del desbarajuste. La reflexión viene a cuento en medio de la actual coyuntura política, cuando los jurados electorales especiales (JEE) y luego el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) se disponen a revisar y calificar más de 5.800 actas observadas, según el último reporte de la ONPE. De ese proceso dependerá definir si Rafael López Aliaga o Roberto Sánchez acompaña a Keiko Fujimori en la segunda vuelta, lo que da cuenta de la enorme trascendencia de cada decisión. En ese contexto, es positivo que las audiencias sean públicas, pues ello contribuye a reforzar la transparencia del proceso.

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