A casi un mes de iniciada la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán, un pequeño rayo de esperanza se vislumbra sobre la posible resolución de un conflicto que ha expandido el caos en el Medio Oriente, cobrado la vida de al menos 1.400 personas y envuelto al mundo en una crisis energética no vista desde 1970 por el cierre del estrecho de Ormuz, vía marítima por donde transita el 20% de todos los hidrocarburos mundiales.
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Este miércoles 25 se dio a conocer que intermediarios pakistaníes hicieron llegar a sus contrapartes iraníes un plan de 15 puntos con el que Washington plantea poner fin a su conflicto con Teherán, situación en la que Pakistán se está posicionando como interlocutor y su capital, Islamabad, como posible lugar de negociación de un acuerdo de paz.
El país asiático, el quinto más poblado del mundo, se encuentra en “privilegiada postura de poder mediar”, afirma en conversación con El Comercio el internacionalista Francisco Belaunde, puesto que tiene vínculos fluidos tanto con Washington como con Teherán, lo que quizás le otorga una situación más favorable que anteriores intentos de países como Omán y Turquía.
“Pakistán está en una posición interesante: tiene buenas relaciones con Estados Unidos, vínculos con China y cercanía geográfica y política con Irán”, remarca el experto. “Eso lo coloca sin duda como un posible mediador”.
Es una posición en la que coincide Ramiro Escobar, profesor de Relaciones Internacionales en la PUCP, quién remarca que Pakistán destaca como “el estado idóneo para hablar con los dos lados”.
“Pakistán tiene varias ventajas en la negociación, ya que es una potencia militar relevante, posee armas nucleares y mantiene buenas relaciones tanto con Irán como con Arabia Saudita, así como con Estados Unidos”, indica Escobar.
El experto resalta que uno de los elementos más distintivos de Pakistán es su composición interna, ya que a diferencia de otros países musulmanes combina poblaciones chiitas y sunitas, lo que le permite tender puentes en una región atravesada por divisiones religiosas. A ello se suma su cercanía geográfica con Irán, lo cual incrementa su interés en evitar una escalada del conflicto.

El cierre del estrecho de Ormuz ha causado serios problemas en el suministro de petróleo en el mundo.
Sin embargo, el posicionamiento de Pakistán como el principal intermediario no está exenta de problemas. Belaunde anota que hay una profunda relación entre este país y Arabia Saudita, que según algunos reportes – entre ellos del New York Times – tiene a su gobernante de facto, el príncipe Mohamed bin Salman, azuzando las llamas del conflicto entre EE.UU. e Irán y presionando a Washington para aprovechar una oportunidad histórica para derribar el régimen de los ayatolas.
“La relación de Pakistán con Arabia Saudita complica el panorama, ya que Riad estaría impulsando una línea más dura contra Irán”, considera Belaunde. “Pakistán tendría que intentar mediar también para equilibrar esas presiones”.
La razón para esta actitud saudí, según estos reportes, es la represalia iraní a los ataques y los daños causados en los países vecinos que afecta sus economías. En esa situación, el gobierno saudí teme que una ofensiva a medio terminar podría dejar a un Irán todavía empoderado y vengativo en la región, con la capacidad periódica de dejar cerrado el estrecho de Ormuz.
“Arabia Saudita podría estar interesada en prolongar el conflicto por sus propias rivalidades regionales, especialmente con Emiratos Árabes Unidos. Es un escenario complejo donde hay intereses públicos y otros que se manejan de forma privada”, especula Belaunde.
Por su parte, Escobar se muestra más escéptico sobre la versión de que Arabia Saudita quiera escalar el conflicto, aunque nota que existe una rivalidad histórica entre Irán (chiita) y Arabia Saudita (sunita). “Aunque ambos pueden buscar estabilidad, también compiten por influencia regional”, explica. “Esto hace que el escenario sea muy complejo y lleno de intereses cruzados”.
Es una situación aún más complicada donde se mezcla lo que las naciones oficialmente dicen y lo que son sus intereses geopolíticos y rivalidades regionales. Es así que al menos públicamente Pakistán parece unida en sus esfuerzos con Arabia Saudí en favor de la paz, y este miércoles 25 el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, y el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, anunciaron que han acordado mantener una “estrecha coordinación” para frenar la escalada bélica en Medio Oriente, un movimiento al que también se unen países de la región como Egipto y Turquía.
Este último país también se ha ofrecido en reiteradas ocasiones como posible mediador en las negociaciones, citando la cercana relación entre Ankara y Teherán, una aspiración obstaculizada por la actual frialdad entre el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, así como por la mutua aversión con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a quien considera el principal causante de la guerra.
Si bien la mediación de Pakistán abre una ventana diplomática, las posibilidades de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán siguen siendo inciertas. Las posiciones de ambas partes continúan profundamente distantes, y los intereses de actores como Israel complican aún más el panorama.
Para Belaunde, Irán se percibe a sí mismo en una posición de fuerza estratégica. A pesar de sus obvias derrotas militares, su capacidad geográfica de afectar el comercio global de petróleo le otorga una ventaja significativa.
“Aunque militarmente es más débil, el posible cierre del estrecho de Ormuz tendría un impacto económico global muy grave, afectando también a Estados Unidos. Además, el régimen puede sostenerse incluso en condiciones muy adversas, ya que la población difícilmente se rebelará por temor a la represión”, afirma Belaunde. “Estados Unidos parece atrapado en el conflicto, por lo cual Irán muestra dureza porque considera que tiene ventaja”.

Fotografía de archivo de una valla publicitaria contra Estados Unidos, en Teherán (Irán). EFE/EPA/ Abedin Taherkenareh
Esta percepción influye directamente en la actitud negociadora de Teherán, que no muestra urgencia por ceder frente al programa de 15 puntos de negociación de Estados Unidos entregado mediante intermediarios pakistaníes. “Las posiciones están bastante alejadas”, advierte Belaunde, especialmente en temas sensibles como el programa de misiles o su influencia regional.
Entre esos 15 puntos, cinco se refieren al programa nuclear iraní, otros exigen el abandono del apoyo a los grupos proiraníes en la región, como Hezbolá o Hamás, y uno insiste en que el estrecho de Ormuz, ruta clave de los hidrocarburos mundiales, permanezca abierto a la navegación marítima.
Teherán rechazó el plan solo horas después y presentó su propia propuesta, que incluye el pedido de garantías de que Israel y Estados Unidos no reanudarán la guerra, compensaciones por los destrozos causados y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz.
En una línea similar, Escobar considera que la guerra ha tenido un alto costo político para Trump, quien había prometido evitar este tipo de intervenciones.
“Trump ha terminado involucrando a su país en una guerra y eso le está pasando factura”, afirma Escobar, sugiriendo que el conflicto podría tener consecuencias en las elecciones intermedias del gigante norteamericano en noviembre.
En ese contexto, la Administración Trump se ha visto como la parte más interesada en terminar el conflicto y ha divulgado que trabaja para celebrar una reunión este fin de semana en Pakistán en la que el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y un representante iraní puedan negociar el fin de la guerra.
Queda la duda de si Teherán finalmente decidirá acudir a las negociaciones, aunque Washington ya advirtió que “desatará el infierno” si “Irán se equivoca de nuevo” al no elegir la vía diplomática.
En respuesta, el canciller iraní, Abás Araqchi, afirmó que la república islámica “no tiene intención de negociar” y en cambio seguirá resistiendo para “poner fin a la guerra con sus propias condiciones”.
En medio de los esfuerzos diplomáticos para frenar la escalada entre Estados Unidos e Irán, el rol de Israel aparece como uno de los factores más determinantes, y quizás obstructivos, en cualquier intento de negociación. Si bien la Administración Trump ha dado múltiples y cambiantes objetivos en su ofensiva contra Irán, incluyendo la posibilidad de una negociación, Tel Aviv ha sido firme en su objetivo de debilitar y hasta derribar un estado que considera hostil.
“Israel sí tiene objetivos mucho más claros”, sostiene Belaunde, quien advierte que estas metas pueden entrar en conflicto directo con cualquier intento de solución diplomática. Para Israel, un acuerdo que no implique una reducción sustancial de la capacidad bélica iraní podría resultar insuficiente.

Netanyahu cuenta con el apoyo de Trump en la guerra contra Irán.
Para el experto es una diferencia de enfoques clave, ya que mientras Washington podría estar buscando una salida negociada ante el costo político y estratégico del conflicto, Israel tendría incentivos para prolongar la confrontación, incluyendo motivaciones como fortalecer políticamente el gobierno de Benjamin Netanyahu en este contexto bélico.
Además, el rol de Israel no se limita a sus propios objetivos, sino que también influye en las decisiones de Estados Unidos, con Escobar recordando reportes e incluso el testimonio del exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, de que Washington habría entrado en el conflicto, en parte, por presión israelí, lo que refuerza la dependencia estratégica entre ambos países.
Este vínculo complica aún más el panorama de negociación, ya que cualquier acuerdo que Estados Unidos esté dispuesto a aceptar deberá considerar, de una u otra forma, los intereses de Israel. Mientras tanto, desde la perspectiva iraní deberán esperar que cualquier acuerdo con EE.UU. también frene la ofensiva israelí.
Las señales no son alentadoras, ya que Israel ha reiterado su intención de continuar la ofensiva hasta debilitar significativamente a Irán, con Netanyahu asegurando, en respuesta a los planes de Trump, que su país “resguardará sus intereses vitales en toda circunstancia”.












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