Una infraestructura escolar en pésimas condiciones no solo afecta el aprendizaje escolar; limita el proyecto de vida de millones de niños.

Semanas atrás, millones de escolares peruanos volvieron a las aulas para iniciar un nuevo año lectivo. Para una gran parte de ellos, sin embargo, se trató de un regreso a establecimientos precarios, que están bastante lejos de constituir esos lugares de aprendizaje y crecimiento personal que el Estado Peruano –en teoría– debería garantizar a todos sus niños, con prescindencia de su lugar de nacimiento o nivel socioeconómico.

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