Un Perú más ambicioso: una apuesta por la innovación por Enrique Stiglich | Opinión | UTEC

A lo largo de su historia, el Perú ha experimentado grandes ciclos expansivos impulsados por la exportación. El guano, el salitre, el caucho y, más recientemente, los minerales, generaron crecimiento, pero no necesariamente capacidades para elevar la productividad de manera sostenida. En las últimas décadas, la estabilidad macroeconómica se ha convertido en nuestro principal activo y ahora los precios históricamente altos de los minerales nos abren una ventana de oportunidad. Pero esto por sí solo ya no alcanza para competir en un mundo transformado por la inteligencia artificial y la tecnología. El salto hacia un país más próspero exige construir una economía capaz de aprender, experimentar y adaptarse rápido.

La IA está redefiniendo cómo se crea y se destruye valor. Muchas tareas se volverán prescindibles, mientras que aparecerán trabajos que aún no conocemos. Hoy el talento es líquido: un ingeniero en Lima puede trabajar para una empresa en San Francisco, así como un investigador en Zúrich puede colaborar simultáneamente con un laboratorio en la Amazonía y una startup en el sudeste asiático. Esta dinámica ampliará la brecha entre quienes saben desarrollar y aprovechar tecnología, y quienes quedan rezagados en tareas de bajo valor.

Como país, llegamos tarde a este punto de inflexión. El Perú invierte menos del 0,2% del PBI en investigación y desarrollo, frente a un 0,4% en Chile y más del 2,5% en el promedio de la OCDE. Pero el problema central es qué tan efectivos somos para convertir esa inversión en verdadero aprendizaje e innovación.

Frente al reto de aprender construyendo para un futuro que desconocemos, la universidad debe ser una plataforma facilitadora e integradora, capaz de conectar la investigación aplicada y la transferencia tecnológica con el aprendizaje a través de proyectos reales y de una colaboración profunda con la industria y socios internacionales. El resultado de esta sinergia puede ser desde un dispositivo médico de bajo costo hasta una red de sensores que multiplica la productividad agrícola.

El Perú no solo es capaz de construir tecnología, sino que tiene el deber de hacerlo para desarrollar capacidades prácticas. Esa es la esencia del learning by doing: aprender haciendo cosas difíciles que nos obligan a diseñar nuevas formas de resolver problemas y, en el proceso, expanden nuestra frontera productiva.

En este contexto, el próximo gobierno tiene la oportunidad de asumir una agenda simple pero ambiciosa: atraer conocimiento y talento global y hacer que experimentar en el país sea más fácil. Esto implica captar inversión extranjera intensiva en oportunidades de aprendizaje tecnológico: centros de excelencia, soluciones de automatización, uso sofisticado de datos e IA.

También exige legislar con apertura. Necesitamos mecanismos atractivos para que el talento de clase mundial se conecte con las necesidades del país, para que universidades y empresas colaboren frente a problemas reales, así como sandboxes regulatorios y fondos competitivos que permitan a las empresas probar soluciones antes de escalarlas.

Podemos priorizar áreas donde ya tenemos ventajas competitivas y cruzarlas con los grandes desafíos del mundo: minería, agua, agroindustria, biodiversidad, seguridad alimentaria. Una mina puede ser un foco de conocimiento aplicado en robótica y sostenibilidad. Una agroexportadora puede convertirse en una plataforma de experimentación para la agricultura de precisión. Incluso un desafío complejo como el Fenómeno de El Niño puede propiciar la articulación entre Estado, empresas, academia y startups para desarrollar soluciones que, a la larga, podamos exportar.

No todos los experimentos funcionarán. Pero el mayor riesgo es quedarnos estáticos, como un país que no se atrevió a innovar y volvió a perder la oportunidad de aprovechar un contexto favorable para generar conocimiento y capacidades que impulsen la productividad en el largo plazo.

En este mes de transiciones, podemos proponernos construir una economía preparada para aprender más rápido: más conectada con el mundo, mucho más agresiva en la atracción y desarrollo de talento, abierta a la experimentación y el cambio tecnológico. Así podremos convertir nuestras ventajas actuales en conocimiento y capacidad de innovación. Esa puede ser una estrella del norte para un Perú más audaz.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *