Tyché

Tyché es el nombre de una diosa griega que te puede sorprender. Así como ella, son las elecciones en América Latina y sobre todo en el Perú. Ahora estamos en un estado pendular, nos vamos hacia la derecha o hacia la izquierda, con sus respectivos centros que, como bien explica el filósofo y politólogo italiano Giovanni Sartori, no es una ideología, tampoco una posición política definida, sino una estrategia. Ya decía Nicolás Maquiavelo que es difícil llegar al poder, pero es más difícil permanecer en él. De lo primero, bien lo sabe Keiko Fujimori que postula a la presidencia por cuarta vez, como sucedió con Lula da Silva en Brasil y Manuel López Obrador en México, que fueron elegidos luego de haber perdido en tres oportunidades. Veremos si con la hija del dictador Alberto Fujimori pasa lo mismo.

Ahora, la gran mayoría de los países de nuestro contradictorio subcontinente hispano-luso se ha corrido hacia la derecha y hace solo pocos años lo hizo hacia la izquierda, de la autoritaria a la democrática, porque, aunque algunos no lo quieran ver, hay una izquierda democrática, lo que significa que toda la izquierda no es comunista, si entendemos por comunismo un Estado totalitario y no en su real significado que es una sociedad sin clases, sin explotados ni explotadores. Esto último todavía sigue siendo una utopía.

Este giro hacia la derecha, que recorta derechos y concentra riqueza, acaba de suceder en Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Paraguay y El Salvador, que salvo los casos salvadoreño y paraguayo, los demás están llenos de marchas en contra de sus gobiernos por haber implementado unos reajustes en sus economías.

Nuestro querido Perú está bajo la mirada de la diosa Tyché, porque, en lugar de irnos hacia la derecha, podemos irnos hacia la izquierda. Ya no es un misterio: Keiko Fujimori ha cambiado su estrategia, ahora se presenta como la diosa Amaterasu, una madre dulce que ejerce el poder suave, pero a la vez enérgica porque en cualquier momento puede ejercer el poder fuerte, donde el orden se pone por encima de la libertad y la democracia agoniza y luego desaparece. Su contrincante, Roberto Sánchez, puede llevar las de perder si sigue manteniendo a Antauro Humala (y bien haría en cambiarlo). En el Perú, la prioridad es salvar la democracia, en el marco de una auténtica economía social de mercado, es decir, crecimiento con inclusión social. De no ser así, como en el caso de la Keiko dura y no suavecita como se está presentando en su campaña, la libertad y la democracia agonizarán.

Nuevamente, como en el 2021, millones de peruanos nos enfrentamos a un ‘dilema’, otra palabra de origen griego referida a un argumento con dos opciones y que, cualquiera que elijas, te llevará a una situación incómoda. O Keiko o Roberto. Aunque, claro, la generosa democracia, por más débil que sea, te resuelve el dilema presentándote una tercera oportunidad: puedes viciar tu voto o votar en blanco.

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