El fenómeno de El Niño ya no es una hipótesis lejana: el Ejecutivo declaró el estado de emergencia en 796 distritos de 23 regiones ante el riesgo inminente de lluvias intensas. Con esa alarma de fondo, El Comercio y Hombro a Hombro convocaron el foro “Estemos listos: el Perú ante El Niño”, que reunió a autoridades del gobierno entrante, Indeci, Cenepred, empresas y sociedad civil para diseñar juntos una estrategia de prevención. Saludamos la iniciativa sin reservas: en un país que suele improvisar frente a los desastres, sentar al Estado y al sector privado en una misma mesa desde la planificación –y no cuando el agua ya inunda las calles– es, en sí mismo, un avance.
Pero el valor del foro no puede agotarse en los discursos. Su aporte más concreto fueron las seis mesas de trabajo sectoriales que tradujeron el diagnóstico en propuestas: un mecanismo ‘fast-track’ de obras por impuestos para descolmatar ríos, una autoridad centralizada en la PCM, brigadas de salud con experiencia previa y un sistema único que centralice la ayuda humanitaria, evitando que, como ya ocurrió antes, la asistencia se duplique en un distrito mientras otro queda desatendido. Son señales de lo que el país necesita: no promesas, sino tareas con responsables y plazos.
Ahí radica el verdadero desafío. Como advirtió Juan Manuel Arribas, fundador de Hombro a Hombro, el cuello de botella más persistente sigue siendo la débil capacidad de gestión de buena parte de los municipios, muchos sin planes de riesgo ni personal capacitado. De nada sirve una hoja de ruta nacional si las autoridades locales no están listas para ejecutarla. El próximo gobierno debe capacitarlas con urgencia apenas asuman funciones.
El fenómeno de El Niño lo enfrentamos todos y por eso es tan importante tender puentes entre el Estado, la empresa privada y la sociedad civil. Ese puente debe sostenerse: las mesas de trabajo no pueden quedar como un buen recuerdo, sino volverse compromisos verificables y con seguimiento.
El Niño no pregunta si el Perú está listo, lo comprueba al llegar llevándose a su paso puentes, carreteras, hospitales, escuelas y viviendas dejando a familias que lo pierden todo, como ya lo vivimos en el 2017, en 1997 y en 1983. La diferencia esta vez puede estar en la anticipación.Autoridades y ciudadanos comparten la misma responsabilidad: exigir que lo acordado se cumpla y actuar, cada uno desde su rol, para que la próxima emergencia no nos encuentre improvisando. Todos debemos estar listos.
Esta ha sido una iniciativa en la que El Comercio vuelve a demostrar que tiene un serio compromiso con el país, tal como lo ha hecho con las Audiencias El Comercio, los Semilleros de Periodistas y la red de Corresponsales Escolares: espacios en los que el Diario no se limita a informar, sino que convoca, articula y acompaña procesos que buscan un Perú mejor preparado y más informado.












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