Sin inversión no hay desarrollo: el Perú que debemos destrabar, por Roque Benavides | Congreso Nacional de Minería | Conamin

Los principales inversionistas en el Perú somos los propios peruanos. De toda la inversión en el país, el 20% es pública y el 80% es privada. Y la gran mayoría de la inversión privada está compuesta por las microempresas, pequeñas y medianas empresas, las cuales, día a día, apuestan por el país, generan empleo y sostienen la economía. La inversión extranjera es importante y bienvenida, pero no podemos dejar de lado a quienes ya están aquí enfrentando las dificultades cotidianas.

Y justamente allí encontramos uno de los principales problemas estructurales: el exceso de trabas burocráticas. Hoy, para abrir un negocio o desarrollar un proyecto, los peruanos deben enfrentarse a procesos que pueden tomar meses o incluso años. Esta realidad desalienta la inversión y empuja a muchos hacia la informalidad.

Por ello, urge simplificar el Perú. Facilitar la inversión es una necesidad para el desarrollo nacional. El Estado tiene que ser eficiente, moderno y orientado a resultados. Más allá de eliminar controles, se trata de hacerlos más ágiles, claros y predecibles.

La minería es un claro ejemplo de lo que podríamos lograr si destrabamos el país. Contamos con una cartera de proyectos que supera los US$60.000 millones. Si estos proyectos avanzaran, podríamos elevar el crecimiento económico en dos o tres puntos porcentuales adicionales, pasando de crecer 3% a 8%, generando empleo y reduciendo la pobreza de manera sostenida.

En el Perú, tenemos la primera mina digital del mundo, Quellaveco, en Moquegua. También tenemos la planta concentradora más grande del mundo, que es Cerro Verde, en Arequipa, porque la tecnología que se aplica en nuestro país es del Primer Mundo y lo que necesitamos es llamar la atención a nuestra industria minera, porque hay que aplicar esa tecnología eficiente. Y, por supuesto, esto tiene que venir acompañado por fiscalización del Estado.

Asimismo, creemos que debemos trabajar con mecanismos de mercado, facilitando la formalización y no penalizando a los informales. Debemos buscar que se formalicen de forma amigable.

De ahí la importancia de tener reglas claras, estabilidad y un Estado que acompañe el desarrollo con mecanismos que faciliten a los emprendedores peruanos su incorporación a la economía formal.

Vivimos un contexto marcado por la incertidumbre y el desgaste institucional. Son años en los que la inestabilidad política se ha convertido en una constante, afectando la confianza y debilitando nuestra capacidad de avanzar como país. Esa situación impacta en la economía, en la inversión y en la vida diaria de millones de peruanos. El país merece mayor estabilidad para invertir en educación, salud y combatir la pobreza.

Quien asuma la conducción del país en los próximos meses, y especialmente quien resulte elegido en las próximas elecciones, debe tener claro que no es momento de improvisaciones. No podemos paralizar al país; por el contrario, hay que promover la inversión y generar condiciones para que esta fluya.

El Perú tiene una oportunidad enorme por nuestra ubicación estratégica, el potencial de nuestros recursos y la capacidad de nuestra gente que nos colocan en una posición privilegiada. Pero para aprovechar esto necesitamos tomar decisiones correctas.

Estos son temas que deben estar en el centro del debate nacional. Cómo mejorar la competitividad, cómo incorporar más tecnología, cómo lograr una minería más eficiente y responsable, y cómo avanzar en la formalización. Y estos serán algunos de los ejes que se abordarán en el XVI Congreso Nacional de Minería (Conamin), que se realizará del 15 al 19 de junio en la ciudad de Trujillo.

Conamin es una oportunidad para reflexionar sobre el país que queremos construir. Un país que destrabe sus potencialidades, que confíe en su gente y que entienda que sin inversión no hay desarrollo posible.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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